Libertad económica y la libertad de empresa en España. Índice de Libertad Económica 2026
- La puntuación media mundial del Índice de Libertad Económica en 2026 alcanza los 59,9 puntos, lo que la enmarca dentro de la categoría de «mayoritariamente no libres». España obtiene 66,8 puntos en el Índice de Libertad Económica original y se sitúa en el puesto 53 de 184 países, manteniendo la misma posición que en la edición anterior, lo que refleja la falta de avances estructurales.
- Frente al promedio de la OCDE, tomado como valor igual a 100, España alcanza un valor del Índice de Libertad Económica de 93,1 puntos, lo que sitúa a la economía española en el puesto 31 de los 38 miembros de la OCDE.
- Los principales indicadores que penalizan a España respecto a las economías avanzadas son la salud fiscal, la facilidad inversora y la integridad gubernamental.
- En el Índice de Libertad de Empresa, tomando como referencia el promedio de la OCDE en valor igual a 100, España registra en 2026 un índice igual a 102,2. Por encima del promedio de la UE, aunque persisten obstáculos que limitan la plena convergencia con las economías avanzadas.
- El sector privado destaca por su mayor productividad y eficiencia relativa frente al sector público, situando a España como el tercer país de la OCDE con mayor ventaja de la eficiencia privada respecto a la pública. Esto convierte al sector público en el tractor de la productividad, compensando parcialmente la debilidad de la inversión pública.
- Los principales obstáculos para los empresarios en los últimos años han sido los costes energéticos, la incertidumbre de la política económica y la escasez de mano de obra, con un fuerte componente sectorial, con especial énfasis en la construcción, hostelería, agricultura e industria.
Madrid, 30 de septiembre de 2026. El presidente del Instituto de Estudios Económicos, Íñigo Fernández de Mesa, ha presentado, junto a Gregorio Izquierdo, director general del IEE, el informe “Libertad económica y la libertad de empresa en España. Índice de Libertad Económica 2026”, donde se recogen los resultados del citado índice elaborado por la Fundación Heritage y adaptado al contexto español por el Instituto de Estudios Económicos.
En el Índice de Libertad Económica (ILE) del año 2026 la puntuación media mundial alcanzó los 59,9 puntos, lo que supone un incremento de 0,2 p.p. respecto al 2025, pero todavía sigue enmarcándose en la categoría de «mayoritariamente no libre». España, por su parte, ocupa la posición número 53 en la clasificación de 184 países, con 66,8 puntos, la misma posición que la edición anterior lo que refleja la ausencia de reformas estructurales. Este valor del indicador aumenta en 0,5 puntos respecto al año anterior. Tomando como referencia el promedio de la OCDE, con base 100, el Índice de Libertad Económica de España se situó en 93,1 puntos en 2026. Este resultado coloca a la economía española en la posición 35 de los 43 países que integran la OCDE y la Unión Europea. Si se atiende exclusivamente a los países miembros de la OCDE, España ocupa el puesto 31 de un total de 38 economías.
El análisis interanual para España muestra que el avance, en el índice original, se explica casi en su totalidad por la mejora del bloque relativo al tamaño del Estado, y, en particular, por el fuerte incremento del indicador de salud fiscal, que crece en 16,5 puntos. En sentido contrario, el principal retroceso se registra en la facilidad inversora, que disminuye en 10 puntos. Sin embargo, entre los doce indicadores que conforman el índice, los principales factores que lastran la posición relativa de España frente al conjunto de economías avanzadas son la desfavorable situación de la salud fiscal, con una brecha de -15,4 puntos, y la menor facilidad inversora, con una diferencia de -13,4 puntos.
En cuanto al Índice de Libertad de Empresa, España alcanzó en 2026 los 102,2 puntos, tomando como referencia el promedio de la OCDE en 100, frente a los 99,8 puntos de la Unión Europea. Aunque este resultado refleja un entorno regulatorio relativamente favorable, persisten factores que limitan su convergencia con las economías que ocupan las posiciones más destacadas. La libertad económica se asocia a mejores resultados macroeconómicos, en la medida en que los países con mayores niveles de libertad registran, en promedio, menores tasas de desempleo, una mayor productividad por ocupado y niveles de pobreza significativamente más reducidos, hasta cinco veces inferiores a los observados en las economías con menor libertad.
El sector privado, motor de la inversión y fuente de productividad y eficiencia
En España, la productividad del sector privado es un 39% superior a la del sector público. Además, la comparación entre la eficiencia pública y privada muestra que, en España, la eficiencia del sector privado es un 33,1% superior a la del sector público, lo que indica que el sector privado actúa como el principal motor de la eficiencia económica. En términos prácticos, este 33,1% significa que, por cada unidad de eficiencia del sector público, el sector privado alcanza un rendimiento significativamente mayor, situando a España como el tercer país de la OCDE con la mayor brecha a favor de la eficiencia privada.
Respecto a la inversión, otra de las claves para fomentar el crecimiento económico a largo plazo, España mantiene un volumen de inversión total reducido (20,3% del PIB) en 2024 respecto al promedio de la Unión Europea (21,6%) o la Eurozona (21,4%). Sin embargo, la inversión empresarial alcanza en España el 13,1% del PIB, por encima de la media de la UE (12,5%) y la Eurozona (12,2%). Este dinamismo privado compensa la debilidad de la inversión pública y confirma el papel central de las empresas en la acumulación de capital y la modernización digital, al concentrar en 2025 el 88% del stock de capital neto y el 89% de la inversión en TIC.
Los problemas y las preocupaciones de los empresarios
El análisis de las preocupaciones de los empresarios refleja que la confianza empresarial mantiene una trayectoria positiva desde 2013, salvo el retroceso asociado a la pandemia y a los recientes cambios geopolíticos. Entre 2024 y 2026, los principales obstáculos señalados por los empresarios han sido el coste de los inputs energéticos, la incertidumbre sobre la política económica y la escasez de mano de obra. De hecho, en términos sectoriales, las mayores dificultades para cubrir vacantes se concentran en la construcción, hostelería, agricultura e industria.
Asimismo, entre 2022 y 2026 ganan peso entre los empresarios, las preocupaciones relacionadas con el Gobierno y los partidos políticos, la corrupción y el fraude, y la vivienda, según los resultados extraídos del CIS, mientras pierden relevancia el paro, la crisis económica y los problemas políticos generales. Estas tensiones se reflejan parcialmente en los resultados empresariales, con un porcentaje de empresas en pérdidas todavía elevado entre 2018 y 2023. No obstante, la percepción empresarial sobre la situación económica general mejora, al reducirse quienes la consideran mala o muy mala y aumentar quienes la valoran positivamente.
El tejido empresarial español actúa como principal motor de la inversión, la digitalización y la productividad, compensando el débil comportamiento relativo de la inversión pública, pero su capacidad de expansión sigue condicionada por los costes energéticos, la incertidumbre de política económica, la escasez de mano de obra cualificada y, de forma creciente, por la inestabilidad política y la vivienda. Reducir estos obstáculos y avanzar en reformas que refuercen la libertad económica (seguridad jurídica, un marco fiscal más competitivo y una mayor apertura inversora) constituye la vía principal para elevar el crecimiento potencial de la economía española.