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03/11/2026

Nota de prensa: Factores para fortalecer la inversión en Iberoamérica. El compromiso empresarial

Noticias del IEE
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  • Iberoamérica no carece de oportunidades ni de fuentes potenciales de crecimiento, pero necesita atraer inversión y aprovecharla para mejorar la productividad, generar empleo y mejorar el bienestar de su sociedad.
  • Para que la inversión se traduzca en productividad, empleo y crecimiento, debe apoyarse en factores productivos complementarios, especialmente un capital humano cualificado, unas infraestructuras adecuadas y una mayor capacidad de innovación.
  • La región concentra el 12,8% de los flujos mundiales de IED; España y el acuerdo UE-Mercosur refuerzan sus vínculos inversores con Europa.
  • Preservar la estabilidad macroeconómica, reforzar la seguridad jurídica y mejorar la calidad regulatoria y la eficacia de las instituciones son factores calve para consolidad la llegada de inversores.
  • El compromiso empresarial será decisivo para movilizar capital, incorporar tecnología y crear empleo, pero necesitará un marco público estable y previsible.

Madrid, 3 de noviembre de 2026. Enmarcado en la 30 Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano), el Instituto de Estudios Económicos ha elaborado el informe “Factores para fortalecer la inversión en Iberoamérica. El compromiso empresarial”. En dicho informe se determina que el fortalecimiento de la inversión constituye una condición fundamental para que Iberoamérica eleve su productividad, amplíe su capacidad de crecimiento y mejore el bienestar de su población. Para ello, se analizan los factores productivos, macroeconómicos e institucionales que condicionan las decisiones de inversión en la región, desde una perspectiva comparada con la OCDE, poniendo especial atención a los países de Iberoamérica situados en continente americano.

Se destaca que Iberoamérica dispone de importantes oportunidades económicas. La región tiene abundantes recursos naturales, mercados de tamaño relevante, dinamismo empresarial, así como una posición estratégica en la reorganización de las cadenas internacionales de valor, que junto con sus vínculos económicos y culturales con Europa configuran una base favorable para atraer proyectos de inversión. La región también ha reforzado su resiliencia macroeconómica y la credibilidad de sus bancos centrales respecto de etapas anteriores.

No obstante, estas fortalezas conviven con un problema estructural de bajo crecimiento económico. Detrás de este reducido crecimiento potencial se encuentran décadas de escasa acumulación de capital, un limitado avance de la productividad y niveles de inversión insuficientes. Las perspectivas de crecimiento se mantienen en torno al 2,3%, un ritmo que no permite cerrar la brecha de desarrollo con las economías más avanzadas. La distancia en productividad por hora respecto a Estados Unidos prácticamente se ha duplicado desde 1950.

La inversión es el factor clave para impulsar el crecimiento

El informe señala que Iberoamérica debe situar la inversión en el centro de su estrategia de crecimiento. En 2024, la formación bruta de capital fijo representaba, en promedio, el 20,8% del PIB de Iberoamérica, frente al 22% de la OCDE. Además, el esfuerzo inversor relativo de la región retrocedió durante la última década, aunque con diferencias significativas entre países. Esta insuficiencia puede alimentar un círculo de bajo crecimiento: una menor inversión limita la renovación del capital productivo y la incorporación de tecnología, reduce las ganancias de productividad y debilita la rentabilidad esperada de nuevos proyectos. Por ello, no basta con aumentar el volumen de inversión, sino que también es necesario mejorar su calidad, productividad y permanencia.

La evolución de la inversión extranjera directa confirma, al mismo tiempo, que la región conserva un atractivo relevante. Iberoamérica pasó de representar el 8% de los flujos mundiales de IED en 2015 al 12,8% en 2025. Sin embargo, la volatilidad y concentración de estos flujos muestran que ese potencial todavía no se ha consolidado de manera homogénea.

España, socio inversor estructural y puerta de entrada a Europa

España continúa siendo un socio inversor estructural para América Latina y uno de los principales inversores extranjeros en numerosos países de la región. Su peso alcanza aproximadamente el 40% del stock de IED en Bolivia, el 30% en Ecuador y entre el 20% y el 25% en Argentina, Colombia y Venezuela. La relación inversora se ha ampliado durante los últimos años, con un mayor número de empresas españolas presentes en los principales mercados latinoamericanos.

Por otro lado, España se consolida como puerta de entrada del capital latinoamericano en la Unión Europea. La inversión procedente de Latinoamérica presenta una trayectoria ascendente, aunque volátil, y confirma la creciente importancia de España como plataforma para la internacionalización de las empresas latinoamericanas.

El acuerdo UE-Mercosur refuerza este vínculo económico al proporcionar un marco más estable y predecible para el comercio y la inversión, mejorar la cooperación regulatoria y ampliar el acceso recíproco a los respectivos mercados.

Capital humano, infraestructuras e innovación

El IEE advierte de que atraer capital no es suficiente. Para que la inversión se traduzca en productividad, empleo y crecimiento, debe apoyarse en factores productivos complementarios, especialmente un capital humano cualificado, unas infraestructuras adecuadas y una mayor capacidad de innovación. Las brechas frente a la OCDE siguen siendo sustanciales. En capital humano, Iberoamérica alcanza 191 puntos, frente a los 249 puntos de la OCDE. Los resultados de aprendizaje también se mantienen alejados de las economías más avanzadas, lo que limita la capacidad de aprovechar las tecnologías y elevar la productividad.

En infraestructuras, la mayoría de los países presenta un amplio margen de mejora en las redes vinculadas al comercio y al transporte. Estas deficiencias elevan los costes logísticos, dificultan la conexión entre mercados y reducen el rendimiento económico de las inversiones.

La brecha resulta especialmente acusada en innovación. Iberoamérica destina, en promedio, el 0,4% del PIB a investigación y desarrollo, frente al 2,9% de la OCDE. Esta diferencia reduce la capacidad para generar y adoptar tecnologías y para avanzar hacia actividades de mayor valor añadido.

La confianza, principal activo para atraer inversión

El informe subraya que las decisiones empresariales de largo plazo requieren estabilidad, seguridad y previsibilidad. Aunque los indicadores agregados de inflación, déficit y deuda pública de Iberoamérica no se alejan excesivamente de los promedios de la OCDE, existen fuertes diferencias entre países y una brecha significativa en la percepción del riesgo. La calificación crediticia media de Iberoamérica se sitúa en 46 puntos sobre 100, frente a los 81 puntos de la OCDE. Esta diferencia encarece la financiación de los Estados, los bancos y las empresas, reduce la disponibilidad de crédito y eleva la rentabilidad mínima exigida a los proyectos.

Las mayores distancias con las economías desarrolladas se concentran en el marco institucional y empresarial. La protección de los derechos de propiedad, la libertad de empresa, la calidad regulatoria y la eficacia del sector público son elementos determinantes para reducir la incertidumbre, garantizar el cumplimiento de los contratos y favorecer una asignación eficiente de los recursos.

El sistema tributario también influye en las decisiones empresariales. Una presión fiscal elevada, compleja, inestable o concentrada de forma desproporcionada en las empresas reduce la rentabilidad después de impuestos y limita los recursos disponibles para la reinversión, la innovación y la contratación.

Conclusiones

Iberoamérica afronta el nuevo escenario global desde una posición de grandes oportunidades, pero también con importantes desafíos estructurales. Sus recursos naturales, su dimensión de mercado, su posición estratégica y sus vínculos económicos y culturales ofrecen ventajas para beneficiarse de la transición energética y de la reorganización de las cadenas de valor. El reto es transformar estas fortalezas en inversión productiva, productividad y prosperidad duradera.

Para conseguirlo, Iberoamérica debe situar la inversión en el centro de su estrategia de crecimiento. Esto exige preservar la estabilidad macroeconómica, reforzar la seguridad jurídica y mejorar la calidad regulatoria y la eficacia de las instituciones. Al mismo tiempo, será necesario invertir en educación, infraestructuras e innovación, ámbitos en los que persisten importantes distancias respecto a la OCDE. El compromiso empresarial será decisivo para movilizar capital, incorporar tecnología y crear empleo, pero necesitará un marco público estable y previsible que permita convertir las oportunidades globales en crecimiento sostenido e inclusivo.