El impacto de las nuevas normas de contabilidad en el valor de la empresa española

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Páginas
450
Año
2003
Referencia
79
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Una normativa contable que dote al sistema financiero de mayor transparencia y que cumpla con los principios de claridad, oportunidad, suficiencia y comparabilidad, con el fin de eliminar ambigüedades, debe dar como resultado una información financiera fiable y la mejora del índice de confianza en el buen funcionamiento del sistema financiero. No se concibe una sociedad moderna sin una información homogénea, veraz, objetiva, independiente y con la máxima transparencia, que facilite a los diferentes agentes económicos el ejercicio de sus cometidos en un mercado libre y abierto. En este sentido, la información financiera debe ser una herramienta útil que ayude en la toma de decisiones de los diferentes agentes económicos, si bien no se debe olvidar el factor incertidumbre y, por tanto, la necesaria prudencia en los juicios aleatorios sobre materia contable en tiempos de alta complejidad.

En un mundo global como el actual, es necesario buscar un marco contable internacional y homogéneo que unifique los principios aplicables para la presentación de información económica. Ello obliga a replantearse la verdadera utilidad de la contabilidad como forma de presentar la realidad económica, con rigor y prudencia, al alcance de los que tienen interés legítimo en la información económica, con la uniformidad y la consistencia que permitan la comparación y la toma de decisiones, y con la oportunidad y el alcance suficientes para interpretar correctamente la situación y los hechos que pretende reflejar. La nueva normativa común permitirá la reducción de costes en la elaboración de información financiera, bajo normativas diferentes, para las empresas que actúan en los mercados de inversión internacionales, pero, además, y esto es más importante, ha de contribuir a reducir la posibilidad de que los gestores maquillen y manipulen las cuentas utilizando los márgenes de actuación que una técnica contable poco prudente, o muy flexible y creativa, pudiera permitir, y que ha sido la causa de recientes escándalos relacionados con el gobierno de las empresas. En definitiva, debe resultar en una mayor credibilidad y confianza en la información financiera que aportan las empresas.

Los avances experimentados en los últimos años en materia contable van acercando, cada vez más, la información resultante a la verdadera representación de los hechos económicos. Ya no priman los aspectos fiscales a la hora de producir estados contables, sino los principios económico-financieros que permitan el análisis, que reduzcan los riesgos y que posibiliten administrar con prudencia las incertidumbres siempre presentes en las decisiones económicas. El largo camino hacia la armonización contable en Europa se inició hace más de medio siglo con la creación de la Unión Europea de Expertos Contables (UEC) en 1951, actualmente denominada Federación de Expertos Contables Europeos (FEE), convertida en órgano consultor de la Comunidad Europea (CE) y cuya misión es apoyar la armonización contable internacional. En 1973 se firmó en Londres el Acuerdo Fundacional de la Comisión de Normas Internacionales de Contabilidad (IASC), con el objetivo de desarrollar un conjunto de normas contables de alta calidad (IAS o NIC, en español), promover su uso y aplicación rigurosa y fomentar la convergencia entre las NIC y las normas locales. Posteriormente, en el año 2001, el IASC cambió su denominación a IASB (International Accounting Standard Board), que asume las responsabilidades en materia de normas de contabilidad, para adaptar las existentes y cambiar su denominación a Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF).

En 1995 se dio un gran paso hacia la convergencia contable al firmarse un acuerdo entre el IASC y la Organización Internacional de los Organismos Rectores de las Bolsas (IOSCO), con el objeto de revisar y completar las NIC, así como recomendar a las multinacionales pertenecientes a la UE que las adopten. En 1997 se constituye el Standards Interpretation Committee (SIC), con el objetivo de interpretar la aplicación de las NIC. En el año 2002 el SIC cambia su denominación a IFRIC (International Financial Reporting Interpretation Committee), ampliando sus objetivos para abarcar no sólo las normas contables (NIC o NIIF) sino también proporcionar guías de temas no tratados por dicha normativa. El Consejo Europeo de Lisboa, de marzo de 2000, fijó la fecha de 2005 para la implantación de las NIC, reconociendo la importancia de un mercado financiero único, eficiente y transparente y, por tanto, la necesidad de mejorar la comparabilidad de los estados financieros a través de normas comunes. Esto supone la obligación de elaborar cuentas consolidadas de acuerdo con las NIC para los grupos europeos cuyos valores coticen a partir del 1 de enero de 2005. No obstante, la Comisión Europea adoptó, en septiembre del 2003, 32 de las 34 NIC, aplazando, por la polémica que han suscitado, la aplicación obligatoria de las NIC 32 y 39 sobre instrumentos financieros.

La entrada en vigor de la nueva normativa contable a partir del año 2005 para los grupos consolidables cotizados, y en un horizonte no muy lejano para el resto de las compañías, hay que recibirla con satisfacción por lo que significa de avance en la armonización internacional, pero también con las pertinentes cautelas. Por una parte, se pondrá solución, por fin, a la caótica situación actual de compañías europeas conviviendo con tres marcos contables diferentes, como son el nacional de su país, el internacional de las NIC-NIIF, y las US GAPP, para aquellas que coticen en mercados bursátiles de Estados Unidos. Sin embargo, este nuevo marco constituye una verdadera revolución por la divergencia de los modelos que intenta armonizar: por un lado, el anglosajón, pensado para empresas de gran dimensión y mercados de capitales más desarrollados, basados en la separación entre propiedad y gestión, con una regulación contable más sólida y menor influencia de la fiscalidad; y, por otro, el modelo de la mayoría de los demás países, fundamentalmente europeos, de mercados financieros menos desarrollados, donde los intermediarios financieros juegan un papel primordial en la financiación de las empresas, y en los que la propiedad y el control han estado más unidos y, por tanto, la demanda de información ha sido más reducida, y en los que la fiscalidad influía de manera notable. Como consecuencia de estas divergencias, se abrió un gran debate en relación con el criterio de contabilización de determinados activos y pasivos a valor “razonable”, que debería basarse en alguna de las siguientes condiciones: precio de mercado, que puede coincidir con el precio de adquisición, transacciones comparables, tasaciones independientes o métodos de valoración razonables.

El criterio de precio, coste histórico o valor de mercado, el más bajo de ambos, vigente actualmente, puede desvirtuar la presentación contable de los activos respecto a la realidad económica, sobre todo en momentos de alta inflación; sin embargo, su base conservadora y prudente se justifica por la gran volatilidad de los mercados, fundamentalmente de determinados productos financieros, y por lo difícil que resulta, a veces, asegurar de manera fiable que las plusvalías potenciales, que surgen cuando el valor razonable supera al coste o al precio, se acaben convirtiendo en corrientes reales de ingresos. Además, no siempre es posible determinar de forma apropiada un valor “razonable”, sujeto en muchos casos a estimaciones o cuestiones de juicio. Por su parte, un proyecto de inversión no contempla necesariamente costes históricos ni resultados, sino que se guía más por flujos y capacidades futuras para obtener resultados positivos, por lo que, para un inversor, el concepto de “valor razonable” resulta de mayor utilidad. El debate está abierto y confiamos en que los criterios de valoración que finalmente se adopten, aun reconociendo la importancia de que reflejen la auténtica realidad económica, no conculquen la necesaria prudencia que debe presidir todas las estimaciones en materia contable, ni animen a determinadas “ingenierías contables”.

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