Una reflexión sobre el PIB diario

Artículo de opinión de Gregorio Izquierdo, director general del IEE, en El Español el 4 de octubre

Con ocasión de las discrepancias surgidas entre la revisión del INE de la Contabilidad Nacional del segundo trimestre y la previsión oficial de crecimiento del conjunto del año del Gobierno, se ha planteado un nuevo debate, el del PIB diario. 

De partida, ningún país del mundo tiene una operación estadística oficial de PIB diario, sin perjuicio de que los indicadores coyunturales diarios de alta frecuencia puedan ser una fuente adicional complementaria muy útil para incorporar en nuestros modelos. 

Además, no podemos olvidar que las metodologías de la Contabilidad Nacional están armonizadas a través de la convención de obligado cumplimiento del Sistema Europeo de Cuentas. Dicho de otra forma, un PIB diario, y por lo tanto calculado fuera de este marco armonizado, no sería comparable en el tiempo ni entre países. 

Dado que la única información oficial exhaustiva con frecuencia diaria es el registro administrativo de la afiliación a la Seguridad Social, este sería previsiblemente la principal fuente para el cálculo del PIB diario. En esta línea, el Ministro de inclusión Social señalaba estos días la necesidad de sustituir las encuestas por registros administrativos. 

Sin embargo, la estimación del PIB basada exclusivamente en la afiliación efectiva puede generar una mayor volatilidad en las estimaciones y, por lo tanto, de posibles errores. Para empezar, el empleo es muy buen indicador de oferta, pero la productividad como cociente entre producto y ocupación efectiva no es ni mucho menos estable en el tiempo y se ve muy influenciada por el ciclo.  

En las anteriores crisis, la productividad se incrementó por los procesos de ajuste en el mercado de trabajo, pero en esta última crisis, al haberse mantenido el empleo en la recesión, la productividad se ha ajustado brutalmente a la baja. 

Habitualmente el empleo es un indicador retardado respecto a la actividad, pero en esta crisis, la normalización progresiva de los ERTE ha provocado que la ocupación aparentemente se recuperara antes que la producción.

Por otra parte, la afiliación no es una estadística exhaustiva, no reconoce a los que operan en la economía sumergida, ni a los funcionarios que estamos en Muface, ni depura íntegramente las horas no trabajadas en relación a las jornadas cotizadas, etc. 

Otro indicador que previsiblemente también se utilizaría para el PIB diario es el gasto en tarjetas de crédito que siguen algunas entidades financieras con relación a sus clientes. El problema es que este indicador tampoco es exhaustivo, ya que no registra el consumo pagado en efectivo.

De hecho, para este tercer trimestre los indicadores diarios de tarjetas de crédito daban un crecimiento significativo, mientras que el consumo privado seguido a través del índice de comercio minorista daba una ligera contracción hasta el mes de agosto. Por lo tanto, parece que el indicador de pago con tarjetas sobrestima el consumo, en la medida en que, como consecuencia de la pandemia, la gente está priorizando este medio de pago sobre el efectivo. 

El problema común de la mayor parte de los indicadores de alta frecuencia es que son muy útiles como complemento en el análisis, pero su calidad es muy inferior a los indicadores de la estadística oficial que cuentan con adecuados marcos de elevación y metodologías estandarizadas y contrastadas. 

Además, seguir la coyuntura exclusivamente con indicadores parciales adelantados tiene el problema de que en momentos de inflexión cíclica como los vividos se multiplica el riesgo de error, ya que se manifiestan indicadores con distintas dinámicas, cuando no con signos directamente contrarios.

Esta aparente «anomalía» se registra porque las variables de síntesis que utilizamos para seguir la coyuntura no son todas ni mucho menos simultáneas, algunas son adelantadas y otras retardadas con relación al agregado de todas ellas. Así, por ejemplo, en este ciclo el empleo y el consumo van adelantados a la inversión y al sector exterior. Pero tampoco podemos generalizar esta secuencia, por ejemplo, en la anterior crisis fue el sector exterior el que empezó la recuperación.  

El principio básico es que la información de síntesis es más útil cuanto antes se disponga de la misma, pero no se puede olvidar su elevada provisionalidad y contingencia, o lo que es lo mismo, sus posibles revisiones ulteriores.

Podríamos decir que lo que ha podido fallar es la premisa de tomar únicamente los indicadores adelantados parciales como predictores definitivos del comportamiento cíclico de la economía española. Y es que hay un trade-off estadístico entre oportunidad y disponibilidad anticipada de la información, y su calidad y precisión.   

A modo de cierre, no está de más señalar que el anuncio de la creación de un grupo de trabajo en el INE para revisar su metodología supone aceptar implícitamente su fallo, y que las predicciones del Gobierno que utilizaban indicadores de alta frecuencia eran las correctas.

Pero y ¿si no ha sido así, y el INE hubiera acertado de nuevo?, no sólo habríamos sido injustos con esta institución, sino que estaríamos persistiendo en un posible error de diagnóstico.

De momento, cada vez es más incuestionable que la recuperación está retardada y es menos intensa de lo que se barajaba hace tan solo unos días. En esta línea, la semana pasada conocimos una ralentización del PMI de industria de la eurozona de septiembre y una contracción del comercio minorista en España de agosto, fenómenos ambos que tienen en común que visibilizan el efecto ralentizador sobre la dinámica económica de la subida de precios y la falta de disponibilidad de materias primas.