Hay que invertir en libertad económica y libertad de empresa para anticipar la recuperación económica

  • La libertad económica en general, y la libertad de empresa, son factores determinantes para explicar el nivel de desarrollo económico y para catalizar la dinámica económica.
  • España puede acelerar su progreso y normalización económica, invirtiendo en libertad económica y libertad de empresa, lo que en un entorno como el actual obliga a priorizar la búsqueda de confianza mediante una mayor seguridad jurídica, con un marco regulatorio que facilite la capacidad de adaptación de empresas dotándolas de la flexibilidad necesaria para ello.
  • De hecho, el potencial de mejora en estas variables es muy relevante, ya que España parte con desventaja en relación a nuestro entorno en el indicador de libertad económica, donde estamos un 6% por debajo del promedio europeo, entre otras razones por nuestra insuficiente libertad de empresa, en la que estamos en el indicador en un 7,5% por debajo de la media europea y 13 puntos porcentuales por debajo de la media de la OCDE, y además hemos sufrido un retroceso de la misma desde la anterior crisis.

Madrid, 9 de julio de 2020. El Director General del Instituto de Estudios Económicos, Gregorio Izquierdo, ha presentado el informe ‘Libertad económica y libertad de empresa en España. Índice de Libertad Económica España 2020’, editado y adaptado para España por el IEE. Desde hace veintiséis años, la Fundación Heritage, de la mano de The Wall Street Journal, publica los resultados de este conocido índice obtenido a partir de información oficial de entidades institucionales y fuentes acreditadas.

El informe señala el libre ejercicio de la función empresarial como el principal motor de generación de riqueza de una sociedad, lo que tiene su reflejo en la creación de empleo y bienestar dentro de la misma. Por este motivo, el derecho a la libertad de empresa es una de las instituciones básicas sobre las que se asientan las sociedades más avanzadas. La libertad de empresa es un motor de prosperidad en sí misma, ya que permite a las empresas aprender, descubrir y satisfacer nuevas necesidades, al tiempo que se promueve la innovación en procesos y en resultados, así como la eficiencia a través de la competencia. La libertad de empresa no es antagónica a la justicia social sino todo lo contrario. No se puede repartir aquello que no se ha generado. La mayor justicia social es la oportunidad de generar el mayor empleo posible, y esto es fruto de un entorno que promueve la libertad de empresa.

La libertad de empresa va ligada inherentemente a una serie de principios que permiten su pleno ejercicio como son la seguridad jurídica, la garantía de la propiedad privada, el libre mercado, y la calidad del marco regulatorio. A estos cuatro principios habría que añadirle un quinto, que es el principio de flexibilidad, especialmente relevante en un contexto como el actual, donde se hace particularmente necesaria la capacidad de adaptación a un nuevo entorno complejo y cambiante.

La libertad económica está estrechamente vinculada al progreso económico y social, presentando una notable correlación con la renta per cápita de un país. Los países con mayor libertad económica muestran tasas de crecimiento a largo plazo superiores, así como mayores niveles de innovación. Además, la libertad económica también está muy correlacionada con otras variables que trascienden lo económico, pero que son muy relevantes en una sociedad avanzada, como son la calidad democrática, el respeto al medio ambiente, la reducción de la pobreza y el desarrollo humano.

Los resultados del Índice de Libertad Económica (ILE) para 2020 arrojan que el país con la economía más libre del mundo es Singapur, con 8,9 puntos (en una escala de 0 a 10, siendo 10 el valor máximo de libertad económica), seguido de Hong Kong y de Nueva Zelanda. En el extremo opuesto figuran Cuba, Corea del Norte, Venezuela y Bolivia. La nota media asignada por el ILE de los 180 países es de 6,2 puntos, ocupando España el puesto 58, uno menos que el año anterior.

Desde el Instituto de Estudios Económicos se ha analizado exhaustivamente el Índice para la economía española, evaluando sus resultados de 0 a 10. La nota para España ha sido de 6,7 puntos, ocupando el puesto 30 de los 37 países de la OCDE y el 21 de la UE-27, lo que la incluye en el segmento de economías moderadamente libres. Al estar en la zona media baja de la clasificación, España es superada por gran parte de los países desarrollados, muy distanciado de aquellos con un marco favorable para la libertad económica. El margen de mejora para España es grande. Respecto a la media de la UE, la libertad económica debería aumentar un mínimo de un 6%, mientras que el incremento debería ser de al menos el 9% para lograr los niveles del promedio de la OCDE. De igual forma, para homologarse con las mejores prácticas de nuestro entorno comparado, España tendría que mejorar un 26% en materia de libertad económica

El IEE también ha analizado la evolución temporal en España del ILE, el cual ha registrado un incremento del 8,6% en los últimos 25 años, lo que muestra el escaso avance de la economía española para situarse como una economía más libre. El análisis refleja dos etapas. La primera (1995-2010), donde la apertura de los mercados y el tamaño del Estado se vieron condicionados por la incorporación de España a la UEM. Y la segunda fase (2010-2020), marcada por el impacto de la crisis financiera y de deuda que afectó a la economía española.

El ILE considera cuatro grandes categorías para valorar los atributos asociados a la libertad económica. La primera es el imperio de la ley, la cual evalúa los derechos de propiedad que en España es elevada (7,5 puntos), mientras que la efectividad judicial y la ausencia de corrupción poseen valoraciones reducidas con respecto a las economías más avanzadas, por la lentitud de los procesos y resoluciones judiciales y por la menor transparencia existente en la fuente de financiación de los partidos políticos. El segundo pilar aborda el tamaño del Estado, donde se valora el gasto público, con una nota de 4,8 puntos, siendo el peor dato de este bloque. También aquí se valora la fortaleza presupuestaria, que ocupa el puesto 35 sobre los 37 países de la OCDE y el último puesto de la UE, además de la carga impositiva, que se sitúa en el puesto 166 sobre los 180 países a nivel mundial. El tercer pilar es la eficiencia de la regulación, que incluye la libertad de empresa, la flexibilidad laboral y la libertad monetaria. La libertad de empresa indica una valoración media idéntica al ILE (6,7 puntos), pero cuando se observa su posición con respecto a los países de la OCDE (34/37) y UE (21/27) destaca su bajo nivel. Este mismo comportamiento se observa en el subcomponente de flexibilidad laboral, mientras que, por el contrario, la libertad monetaria presenta un registro notable. Y el último pilar es la apertura de los mercados que recoge la libertad comercial, la libertad de inversiones y la libertad financiera, subcomponentes que registran valoraciones elevadas (libertad comercial, 8,6 puntos; libertad de inversiones, 8,5 puntos; y libertad financiera, 7 puntos).

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