Qué marcará 2020

Artículo de opinión de Íñigo Fernández de Mesa, Presidente del IEE, en el suplemento ‘Tu economía’ del diario La Razón, el 1 de diciembre de 2019

El devenir del año 2020 estará marcado por el desenlace de una serie de acontecimientos que tendrán lugar a finales de este año y principios del venidero. Nadie pone en duda que la incertidumbre sigue siendo la nota dominante, tanto si miramos hacia nuestro país como si echamos una mirada hacia el exterior. Por ello, la cautela será, previsiblemente, el principio a seguir por todos los agentes económicos en su toma de decisiones de consumo e inversión.

En lo que respecta al contexto internacional, el grado de incertidumbre no se reduce y se alimenta de muchos frentes de los que es difícil pronosticar su desenlace, aunque sí se vislumbra alguna luz en el horizonte. Así, se sigue pendiente del Brexit y de la guerra comercial entre EEUU y China, sin olvidar la compleja situación de América Latina.

En lo que se refiere a la salida del Reino Unido de la UE, la incertidumbre se ha pospuesto, aunque no se ha eliminado. Lo que me gustaría pensar es que, finalmente, se impondrá la racionalidad y el sentido común, y se logrará una salida ordenada que minimice los daños para la actividad económica y empresarial de ambas regiones. Esto sería lo mejor para España dado que las relaciones comerciales, económicas y financieras entre ambos países son muy intensas. En cuanto al comercio de bienes, el Reino Unido es nuestro quinto destino de exportaciones y la sexta economía de la que más importamos, obteniendo un superávit en esta balanza.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China parece que se ha calmado, e incluso se podría alcanzar un principio de acuerdo a finales de 2019 que reduciría las tensiones comerciales entre ambos países. Todo apunta a que se evitaría la subida arancelaria prevista para dicha fecha, incluso que reviertan algunas subidas anteriores. Pero también es difícil valorar el alcance y la duración del acuerdo. En este frente, al menos, el conflicto entre ambos países va a menos y si esta situación se consolidara, el comercio mundial en 2020 podría intensificar su ritmo de crecimiento.

Latinoamérica es una región de gran importancia para las empresas españolas, siendo el segundo destino de la inversión española en el exterior, tras la UE. Pero el panorama no es positivo. Actualmente, en Chile y Bolivia hay fuertes tensiones sociales y políticas, Argentina está en recesión y, en México, la economía está bastante deprimida. Por el contrario, Brasil sí muestra algunas señales positivas. Con todo, para 2020, se espera un repunte económico de la zona, de forma que el FMI prevé un crecimiento del PIB del 1,8% frente al 0,2% de 2019.

En lo que respecta a España, llegamos mejor preparados a esta nueva coyuntura que en anteriores ciclos. Nuestro crecimiento, a pesar de la significativa desaceleración, todavía mantiene un diferencial positivo de cerca de un punto con Europa, y tenemos superávit exterior y estabilidad de precios, siendo, probablemente, nuestra principal debilidad nuestra deuda pública acumulada. Esta circunstancia nos obliga a ser especialmente ortodoxos en nuestra política económica, ya que debemos mantener la consolidación presupuestaria de una forma compatible con el crecimiento, o lo que es lo mismo, debemos apostar por la mejora de la eficiencia del gasto público y evitar nuevas subidas de impuestos y no descuidar, ni revertir, las reformas estructurales que enderezaron nuestro rumbo.

El nuevo Gobierno, con independencia de su composición y programas, debe intentar actuar con moderación y prudencia. Debe priorizarse el sentido de Estado y el cumplimiento del marco constitucional por encima de cualquier otra consideración. Para generar confianza y despejar incertidumbres en nuestros acreedores, la política debe ser más pragmática y realista que ideológica. Y en esta tarea, el paraguas del diálogo social puede ser un catalizador clave para alcanzar consensos. No podemos olvidar que la economía española está inmersa en un proceso de desaceleración, en donde la necesidad de frenar la pérdida de dinamismo del empleo debe ser la principal guía. Por ello, es tan necesario crear un clima favorable a la empresa puede ser, en el actual contexto, la política social más eficaz y segura, ya que el principal factor de desigualdad en España sigue siendo el desempleo.