Nuevo escenario sin ‘vientos de cola’

Artículo de opinión de Almudena Semur, Secretaria General del IEE, en diario digital  Crónica Económica el 20 de octubre de 2018

Antes de centrarnos en la economía española quisiera dar unas pinceladas sobre el entorno global en el que nos hallamos inmersos y en el que impera un descenso generalizado de las expectativas de crecimiento mundial del PIB tanto para 2018 como para 2019. Las causas hay que atribuirlas al aumento de las tensiones comerciales provocadas por las medidas proteccionistas anunciadas por EE.UU., así como por la salida de capitales de las economías emergentes. En concreto, el FMI ha rebajado el crecimiento mundial en 0,2 puntos porcentuales tanto para 2018 como para 2019, lo que hace que este se sitúe en la misma tasa que se registró en 2017, es decir, en un 3,7%.

Dentro de las economías desarrolladas podemos encontrarnos con grandes claroscuros. Así, por ejemplo, destaca la gran fortaleza del crecimiento económico norteamericano en 2018 (2,9%) gracias al estímulo fiscal, crecimiento que disminuirá, en 2019, al 2,5% debido a los efectos de la guerra comercial. Pero en el lado opuesto nos encontramos con Alemania que concentra el deterioro de las principales economías desarrolladas por un peor comportamiento de los pedidos industriales, lo que provoca que el crecimiento se quede en un 1,9%, para 2018 y 2019, frente al 2,5% registrado en 2017. Para el conjunto de la eurozona el FMI también revisa a la baja el crecimiento situándolo en un 2,0%, mientras que para 2019 lo sitúa en un 1,9% frente al 2,4% del ejercicio anterior.

En cuanto a la economía española, aunque siga siendo una de las más dinámicas, también verá disminuido su crecimiento. Y es que los llamados ‘vientos de cola’ que tanto impulso dieron a nuestro crecimiento, como el bajo precio del petróleo o los bajos costes de financiación gracias a la política expansiva del Banco Central Europeo, llegan a su fin. Al agotamiento de estos factores hay que añadirle la incertidumbre provocada por una salida traumática del Reino Unido de la UE, la política proteccionista de Donald Trump, la retirada de estímulos del Banco Central Europeo y la fragilidad política de nuestro Gobierno. Este cóctel de incertidumbre se traduce en que nuestro país vea mermado su crecimiento, y tanto el Gobierno como distintos organismos, hayan revisado a la baja sus previsiones, situándolo en un 2, 6% en el mejor de los casos, para 2018, y en un 2,3% para 2019. Esta moderación del crecimiento se traducirá en un peor comportamiento del sector exterior, en el que las exportaciones disminuirán y restarán una décima al crecimiento, y en un debilitamiento de la demanda interna. De ahí que las mediadas adoptadas por el Gobierno, aumentando el objetivo de déficit, no sean de lo más oportunas en este momento en un país, como el nuestro, con una deuda pública sobre el PIB que alcanza el 98% y con un elevado endeudamiento externo.

Piense el lector que, en estos momentos, el ciclo expansivo ha tocado techo y que nuestro país se tendrá que enfrentar dentro de pocos meses a la retirada de estímulos del BCE. A partir de enero de 2019 el BCE ya no comprará deuda a los Estados serán los mercados y las agencias de calificación los que determinarán las reglas de juego. Y durante el último trimestre de 2019 subirán los tipos de interés, con lo que financiar la deuda será mucho más caro. Por todo ello sería conveniente rebajar gasto y pagar menos intereses de deuda con el fin de garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas de nuestro país. Este año, sin ir más lejos, nuestro país pagará 31.547 millones de euros por dicho concepto.