Apuntalar la industria

Artículo de opinión de Almudena Semur, Secretaria General del IEE, en el número de marzo de la revista Directivos y Empresas.

Nuestro país lleva cinco años de recuperación, y los últimos tres años con crecimientos superiores al 3%, que provocaron que, durante 2017, tuviéramos un aumento récord de las afiliaciones a la Seguridad Social, gracias al impulso a las exportaciones derivado del contexto exterior más favorable de lo previsto. La desaceleración que se esperaba para el inicio del periodo no llegó hasta el tercer trimestre, y de forma muy suave; destacando positivamente la fortaleza de la inversión en bienes de equipo.

En lo que se refiere a 2018, las previsiones apuntan, de nuevo, a un crecimiento en torno al 2,8% por lo que podemos afirmar que ya no hay que hablar de recuperación, sino de crecimiento y cómo potenciarlo. Para ello traigo a colación nuestro sector industrial que empieza a ganar protagonismo no solo en la economía española, sino también en parte de las economías avanzadas.

Si analizamos la trayectoria de la industria en nuestro país, esta evolucionó razonablemente bien hasta la segunda mitad de los años 90, así como en la primera etapa del siglo XXI, a pesar de las deslocalizaciones llevadas a cabo en este periodo. Con la llegada de la gran recesión, la industria, sufrió un efecto devastador, sobre todo en aquellas empresas de menor tamaño que se vieron obligadas a sufrir un severo ajuste, tanto en la producción como en el empleo, con la consiguiente pérdida de peso en el PIB. Esta pérdida de peso no solo ocurrió en nuestro país, sino en la mayoría de las economías de nuestro entorno, aunque en menor medida. Posteriormente, en 2016, el sector recuperó levemente su peso logrando éste un 14% de PIB desde los mínimos alcanzados en la etapa 2009-2013, que llego a situarse en un 13,2% del PIB. Con todo, todavía estamos muy lejos de Alemania, en la que el sector representa el 20% del PIB.

Apuntalar nuestra industria resultará de vital importancia, no solo por el efecto arrastre que genera hacia otros sectores, sino también por la calidad y la estabilidad en el empleo, así como por la capacidad de innovación que conlleva. Desde el punto de vista del empleo, la industria de nuestro país, en al año 2016, acaparó el 12,5% del total de empleo, lo que supone 2,3 millones de trabajadores. Pero la importancia de la industria no solo se aprecia en el número de empleos, sino que, tal y como señala el informe presentado recientemente por la CEOE “La industria, motor de crecimiento: análisis y recomendaciones“, la relevancia del sector industrial pone de manifiesto que el empleo en el sector industrial goza de una mayor continuidad y estabilidad que en el conjunto de la economía española. Así lo demuestra el hecho de que el 61,0% de los trabajadores de la industria manufacturera llevan más de seis años en su actual empleo, mientras que, en el resto de los sectores, el porcentaje baja al 57,4%. En cuanto al tipo de contrato, el 78,7% de los asalariados del sector industrial disfrutan de contratos de trabajo indefinidos, y solo en el 21,3% de los casos la relación contractual es de duración temporal, mientras que en el resto de sectores casi el 27% de los trabajadores asalariados tienen contratos temporales, 5,5 puntos más que en la industria.

El sector industrial también supone una pieza clave para la innovación, así el informe pone de manifiesto que, durante el año 2015, el 40% de las empresas que llevan a cabo actividades innovadoras corresponden al sector industrial, y, si se analiza el gasto por parte de las empresas en actividades innovadoras, es procedente destacar que el sector industrial gasta en actividades innovadoras el 21,7% del valor de su cifra de negocio, mientras que la media de la economía alcanza el 13,1%.

En definitiva, centrar los esfuerzos en apuntalar al sector industrial, así como impulsar la transformación digital de la misma será prioritario para potenciar nuestro crecimiento.