Los tiempos requieren sensatez

Artículo de opinión de Almudena Semur, Secretaria General del IEE, en el número de Invierno 2018 de la revista El Empresario y en su web elempresario.com.

A los complejos equilibrios que se tienen que dar en nuestro país, que requieren negociaciones hasta la extenuación para continuar con el proceso reformista, se le ha unido el mayor desafío lanzado contra la democracia española por el denominado procés, conflicto que, de alargarse en el tiempo, no solo afectará al crecimiento económico, sino también a la convivencia social en dicha región. La economía española resistió bien la embestida al cerrar el ejercicio 2017 con un crecimiento superior al 3%, que incluso podría llegar al 3,2 En cuanto a las expectativas para el 2018, a pesar de que apuntaban hacia una suave desaceleración, el satisfactorio contexto exterior, el más favorable de los últimos años, podría impulsar más, si cabe, el crecimiento de la economía española.

Sin embargo, a pesar de encontrarnos en una etapa expansiva, es bueno recordar que existen factores que limitan el potencial de crecimiento, como son el estancamiento –o incluso el retroceso– demográfico, el reducido crecimiento de la productividad, circunstancia cuyas causas son objeto de gran debate, las bajas tasas de inflación o los reducidos tipos de interés reales, todo lo cual conduce a unas políticas monetarias que siguen presentando un carácter extraordinario.

Este beneficioso contexto exterior ha permitido que las exportaciones españolas creciesen con brío impulsando de nuevo nuestro sector exterior. Nuestro crecimiento ha sido fuerte, sano y equilibrado. No se ha generado endeudamiento –al contrario, los agentes privados continuaron desendeudándose–, no ha habido déficit exterior, no se ha perdido competitividad en costes y se han creado 611.200 empleos, lo que nos lleva a encabezar la reducción de paro en la zona euro. En cuanto al año entrante las previsiones de la OCDE, para el 2018, sitúan a nuestro país en el primer lugar de creación de empleo, con un crecimiento del 2,3%, tasa que no solo duplica la media de la OCDE sino que demuestra que la economía española sigue creando empleo con fuerza, a pesar de la ligera desaceleración. Cierto es que todavía registramos un alto porcentaje de desempleo, a pesar de haber reducido la tasa de paro en 10pp desde el año 2013. Por todo ello resultará prioritario no escatimar esfuerzos en la lucha contra esta lacra, así como realizar las transformaciones necesarias para llegar al año 2020 con 20 millones de empleos.

Desde el punto de vista sectorial, también ha sido un crecimiento equilibrado, con una gran aportación del sector industrial. Se trata, en definitiva, de un crecimiento sostenible y así debería continuar en el 2018, año en el que seguiríamos creciendo, en torno al 3%, pero en el que, lamentablemente, pagaremos un impuesto al crecimiento derivado de la incertidumbre generada por el conflicto catalán, que rebajará dos décimas al crecimiento de la economía española y cinco décimas la catalana.

Por supuesto que existen otros elementos de riesgo para nuestra economía. En este sentido, la Airef ya ha proyectado que nos harán falta 20 años para rebajar el endeudamiento público desde el  actual 98,7%, del PIB  hasta llegar al 60% del PIB. Piense el lector que, tarde o temprano, llegará un día en el que los tipos subirán afectando directamente a las finanzas públicas, además de impactar en las decisiones de consumo e inversión de los agentes privados.

También deberemos velar por cumplir con el objetivo de déficit, con el fin de salir del protocolo de déficit excesivo. Para ello será necesario reducirlo hasta niveles que estén por debajo del 3%. Aunque se prevé una ligera desviación en 2018, vamos por buen camino en cuanto a reducción del gasto. Pero, según las previsiones, el incremento de los ingresos fiscales es todavía bajo para la recuperación económica que estña experimentando España.

Otra cuestión prioritaria será la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, no solo por el impacto positivo que tiene sobre el déficit y el desempeño económico, sino por el anclaje que representa, hecho que repercute positivamente en la confianza de los agentes económicos y en la mejora del rating sobre nuestra economía.

En definitiva, tal y como ha señalado la Comisión Europea, vivimos en tiempos que reclaman unidad y estabilidad, no división y fragmentación.