Una pincelada de nuestro sector empresarial

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en el número de noviembre de 2017 de la revista Directivos y Empresas.

Las exportaciones, junto con la internacionalización de nuestras empresas, constituyeron la piedra angular para salir de la crisis. Así, durante el período 2010-2014, el número de operadores que realizaba actividades de exportación se incrementó en un 35,2%, a la vez que el 91,4% de las empresas que se dedicaron a ello lo hicieron de forma regular, lo que sin lugar a duda, apunta a un cambio de patrón en nuestra economía, dirigida hacia una mayor internacionalización de nuestro tejido productivo.

Y es que la crisis puso en evidencia la necesaria transformación del tejido productivo por el que se había decantado la economía española, con una dependencia muy grande del sector de la construcción y de otras actividades con ratios muy bajos de la productividad. De ahí que, nuestro país, a pesar de que sufriera menores contracciones de PIB que los países de nuestro entorno, la destrucción de empresas y de empleo fuera mucho más elevada que la de nuestros vecinos europeos.

Decíamos al inicio que se ha producido un cambio de patrón dirigido hacia una mayor internacionalización y a una menor dependencia del sector de la construcción, sin embargo, para consolidar nuestro modelo es necesario que nuestras empresas ganen músculo en cuanto a su tamaño empresarial. En efecto, en el tejido productivo de nuestro país predominan las empresas de reducida dimensión. A inicios de 2017, el 98,3% de nuestras empresas tenía menos de 50 trabajadores, mientras que, el 1,3% eran medianas, es decir tenían entre 50 y 199 trabajadores, y solo el 0,4% del total tenían más de 200 empleados. Esta reducida dimensión empresarial no es algo que exista únicamente en España, puesto que, analizando la estructura de las empresas en los países de nuestro entorno, podemos observar que es un patrón bastante común. Si analizamos el tamaño del tejido productivo entre las economías más importantes de la Unión Europea podemos encontrar dos tipos de países. Por un lado, estarían los países en que tienen una preponderancia de microempresas (España, Italia, Francia y Portugal) y por el otro, aquellos en el que el tamaño promedio de sus empresas es mayor (Alemania y el Reino Unido).

En cuanto a sectores, la mayor parte del tejido productivo español está concentrado en el sector de los servicios (representando el 81,7% del total en el año 2016), seguido muy de lejos por la construcción (12,3%), manufacturas (5,4%) y sector energético (0,7%). Desde el comienzo de la crisis económica, el sector servicios ha ganado peso en el total de empresas, puesto que en el 2007 suponía el 76,1% del total (es decir, ha incrementado más de 5 puntos porcentuales su participación). Esta ganancia lo ha hecho a costa tanto del sector de la construcción como de las manufacturas, que han sufrido un fuerte ajuste de capacidad. Entre 2007 y 2016 el número de empresas en el sector de la construcción ha pasado de 622.000 a 403.000, lo que supone una reducción del 35% del tejido productivo. En las manufacturas se ha pasado de 232.000 empresas a 176.000 entre los dos años considerados (-24%). Sin duda, esta reducción es debida al pinchazo de la burbuja inmobiliaria que afectó directamente al sector de la construcción y, vía efecto arrastre, a una buena parte de las ramas de actividad que integran el sector manufacturero. A partir del año 2014 se ha parado la destrucción tan intensa de empresas en los dos sectores, aunque no se ha revertido la tendencia, es decir, la recuperación económica está descansando en una ralentización en la destrucción de empresas tanto en la construcción como en las manufacturas, y en un crecimiento notable del tamaño empresarial en el sector servicios. Así, entre 2013 (último año de recesión económica) y 2016, ha pasado de 2.510.000 empresas a 2.681.000 (lo que supone un incremento del 7%). Por su parte, el sector energético ha desempeñado, en todo el período analizado, un papel marginal en el total de las empresas existentes en nuestro país, pues nunca ha supuesto más del 0,7% del tejido productivo.

En definitiva, la necesidad de ganar tamaño, viene determinada por varios factores, entre los que cabe destacar una mayor resistencia a los ciclos adversos y un provecho más eficientemente de las economías de escala, además de atraer una mayor capacidad inversora en ámbitos como el I+D, una mejor dotación del capital humano, y mayores posibilidades de poder acometer proyectos de internacionalización y financiación.

Sin embargo existen barreras que dificultan el crecimiento del tamaño de las empresas. Las investigaciones identifican determinados condicionantes que limitan la creación, la consolidación y crecimiento empresarial. Desregular en lo posible los mercados, simplificar los trámites administrativos, elevar la calidad del sistema educativo, flexibilizar el mercado laboral, así como, limitar las cargas tributarias y cotizaciones sociales, serán entre otras, tareas pendientes de solucionar con el objeto de que nuestras empresas adquieran competitividad.