Por la dinámica económica contra el populismo

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en el diario El Economista, el 30 de junio de 2015.

La confianza en la economía española, cuarta en el peso de la zona euro (10, 6% del PIB comunitario) es ya una realidad. En los últimos seis meses tanto analistas internacionales como nacionales, hemos realizado las mayores revisiones al alza de las previsiones de nuestra historia económica. Así, mientras en noviembre de 2014, la mayoría estimábamos un crecimiento en torno al 2% para el año 2105, ahora somos muchos los que creemos que el crecimiento se situara en torno al 3,2% en el 2015 y en torno al 3% en el 2016 .Y es que trimestre tras trimestre, nuestra economía ha venido experimentado un crecimiento acelerado que chirría con todo tipo de profecías apocalípticas. Cierto es que en el segundo semestre del año en curso, el crecimiento se desacelerara, pero más cierto es que el ritmo de crecimiento no se interrumpirá, permitiéndonos, dicho sea de paso, volver a la liga de los países de la nunca debimos de salir. A poco que hagamos las bien las cosas, volveremos a las tasas de paro y a los niveles de renta per cápita de antes de la crisis. Hemos conseguido recuperar el 39% del PIB real que se había destruido durante la recesión, y, de continuar el escenario actual de previsiones, al finales de 2016 recuperaremos la totalidad del mismo.
En estos momentos, todos los indicadores presentan signos positivos, tanto desde el lado de la oferta como desde el lado de la demanda. Veamos, el Valor Añadido bruto creció en todos los sectores en el primer trimestre, dándose el mayor crecimiento en la industria, seguido de la construcción y los servicios. La tendencia se mantiene para el segundo trimestre tanto en el sector industrial como en el sector servicios, lo que apunta a una aceleración en el crecimiento del PIB en el segundo trimestre.
La intensidad en la creación de empleo también está siendo mayor de la prevista. Según nuestros cálculos presentados en el informe de coyuntura económica que lleva título; Por la dinámica económica contra el populismo. El empleo se incrementará en un 3,4% este año, lo que significa 568.000 puestos de trabajo a tiempo completo en media anual sobre 2014, y si tuviéramos en cuenta otras modalidades de contratación, la cifra ascendería hasta 700.000 puestos de trabajo. Más de uno dirá que a pesar de la intensidad en la creación de empleo, ésta resulta insuficiente mientras no consigamos rebajar las cifras de paro a las que nos enfrentamos. En efecto, pero aun y así, un dato a tener en cuenta es que hemos conseguido reducir la cifra en 5 puntos porcentuales en tan sólo dos años, pasando de 27,2% en el 2013, a un 22% en el 2015. Esta rebaja de 5 puntos porcentuales, jamás se ha visto en países de nuestro entorno. Y es que cuando nuestro país crece, crecemos el doble y creamos más empleo que la media europea, claro que, cuando llegan las vacas flacas, nuestra caída es mayor en todos los aspectos. De ahí la importancia de continuar con la corrección de desequilibrios con el objeto de estar mejor preparados para cuando lleguen las etapas recesivas del ciclo económico.
En cuanto a los componentes de la demanda, tanto la inversión como el consumo, la construcción y el sector exterior, presentan signos positivos, a pesar de que las importaciones han acelerado su crecimiento como consecuencia de la recuperación de la demanda interna y el consumo privado.
Esta recuperación de nuestra economía, mal que pese a determinados movimientos populistas, ha venido impulsada por las políticas y reformas llevadas a cabo. Nuestro crecimiento no ha sido debido únicamente a factores exógenos, como pueden ser las buenas condiciones monetarias impulsadas por el BCE, y el abaratamiento del petróleo. Hay que decirlo bien alto. Han sido los ajustes y las reformas lo que nos ha traído hasta donde estamos. Lo que demuestra sin lugar a duda que austeridad y crecimiento no están reñidos. Recuerde el lector como en los años 2010, 2011 y 2012, nadie nos quería financiar porque no habíamos hecho los ajustes y reformas. Sin embargo, ahora, tras pasar la larga travesía del desierto, ha llegado la financiación. Esto es tan cierto en España como en cualquier país de nuestro entorno. Por tanto, no hay margen para populismos y recetas absurdas que lo único que harían es hacernos perder el tiempo. Para que nuestra historia de éxito perdure, hay que proseguir con las reformas estructurales pendientes y aprovechar la buena coyuntura para seguir reduciendo el déficit público y aliviar la hipoteca de la elevada deuda pública. El saneamiento y la sostenibilidad de las finanzas públicas por tanto representan una conditio sine qua non para impulsar la actividad económica.