España puede y debe abrirse más al exterior

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en el diario Expansión, el 15 de enero de 2015

Durante la crisis, y ante la debilidad de la demanda interna, fue el sector exterior el pilar indispensable que permitió compensar la caída del resto de componentes de nuestro PIB. De hecho, cuando un país decide internacionalizar su economía, incrementa tanto sus importaciones como sus exportaciones, a la vez que aumenta sus inversiones en el exterior, así como, las entradas de capital productivo, lo que repercute positivamente en el crecimiento. Ahora que disfrutamos de un período expansivo, no debemos bajar la guardia. Nuestra economía puede y debe abrirse más al exterior con el fin de que no sea un fenómeno coyuntural sino estructural.

En materia de internacionalización, nada mejor que unas breves pinceladas sobre el reciente estudio capitaneado por Rafael Myro sobre la posición de España en la Inversión Directa Internacional que recientemente hemos editado junto con la CEOE y el ICEX. La obra profundiza en el potencial desarrollo de la internacionalización, tanto desde la óptica de la inversión recibida del exterior como de la emitida por nuestras empresas en mercados extranjeros, utilizando para el análisis diferentes fuentes estadísticas con el objetivo de valorar los efectos sobre nuestra economía.

En cuanto a la inversión recibida, el estudio no solo aborda patrones sectoriales, de localización de inversiones, de rentabilidad de las mismas, etc, sino que va más allá, centrándose en aspectos poco conocidos, como pueden ser la dimensión, la eficiencia, la contribución a la exportación nacional de las filiales extranjeras afincadas en nuestro país, el efecto sede, mostrándonos todo tipo de comparativas tanto regionales como con los distintos países de la UE. Una de las cuestiones que pone de manifiesto el estudio es que, la inversión recibida en nuestro país habría contribuido entre 2006 y 2013, a aumentar el empleo en un 5,25%, rebajar la tasa de paro en 3,15 puntos porcentuales, y a incrementar los salarios reales en un 1,89%, brindando un adelanto del bienestar de los españoles en un 2,79%, en un escenario en que no se considera el impacto que pudiera derivarse de la repatriación de las rentas obtenidas por las filiales extranjeras a los países de la casa matriz.

A pesar del espectacular crecimiento de la inversión de las empresas españolas en el exterior , este fenómeno, señala el profesor, ha sido mucho menos investigado que el de su comportamiento exportador, de ahí que se detenga en su análisis, estimando la rentabilidad , así como los efectos sobre la producción , empleo , cualificación laboral , formación, I+D y sobre las exportaciones. No en vano, las empresas exportadoras, igual que las que deciden localizarse en el exterior, anotan una productividad mas alta, mayores intangibles por trabajador, mayor penetración de capital extranjero y una capacidad exportadora, sensiblemente superior a la de las empresas que no lo hacen. El camino para abrirse hueco en el exterior no deja de estar exento de dificultades, pero si nos detenemos en el relevante apartado de la rentabilidad, se puede observar que ésta creció con pujanza entre 2003 y 2007, anotando éste último año unas cifras que llegaban al 17,1%. Con la llegada de la crisis, las cifras descendieron casi a la mitad, pero a partir del 2010, la rentabilidad no se apartó mucho del promedio de las fases expansivas, extendiéndose a casi todos los sectores, lo que pone de manifiesto el acierto de las empresas que decidieron apostar tanto por mercados europeos como por aquellos allende los mares como América del Norte, Latinoamérica, y en menor medida, Asia- Oceanía, siendo en estos dos últimos donde mayores cuotas de rentabilidad se alcanzaron.

Lejos queda cuando no todos los países perseguían atraer inversiones. Recuerde el lector que allá por los años 60 y 70, muchos países restringieron o prohibieron la entrada de inversión en una estrategia de sustitución de importaciones. Pero hoy, las cosas han cambiado y los países se disputan la atracción de inversión al quedar acreditadas sus repercusiones positivas sobre la economía. Nuestro país posee un elevado peso en el stock de inversión tanto como receptor de inversiones extranjeras que como inversor en otros países, ascendiendo el peso en ambos sentidos al 2,8% del PIB en 2014, lo que contrasta favorablemente con el peso que tenemos en el PIB mundial, que es de un 1,6%.

La crisis no ha impedido que el stock de inversión siguiera aumentando, aunque a ritmo más lento, pero más que en otros países avanzados, de ahí que los próximos años tengan que ser fundamentales de cara a fortalecer nuestro tejido productivo y dotarlo de mayor capacidad de innovación. El principal peso deberá recaer sobre el empresario nacional, a la vez que será necesario implicar a las empresas extranjeras en este proceso. El objetivo final no debe se otro que dar un paso de gigante en las exportaciones e inversiones españolas en el exterior afianzando el crecimiento sobre unas bases de internacionalización mucho más amplias.