Caminando hacia el desfiladero

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en El Economista, el 11 de septiembre de 2014.

El inicio de la season en tierras catalanas, en lo que se refiere a la soflama patria, se presenta calentito y harto desordenado. Por un lado, el adalid del independentismo que estuvo al frente de la Generalitat durante veintitrés años y al que se le llegó a otorgar la distinción de español del año por llevar bien el barco, puede pasar a la historia de una manera bien distinta a la esperada. Al navegante, Itaca le brindó un hermoso viaje, pero ésta, ya no tiene nada que darle. A ciencia cierta solo se sabe que ha pedido perdón por ocultar unos fondos en el extranjero recibidos de la herencia de su padre. Parece que el perdón esté de moda, perdiendo la palabra todo su sentido. El escritor Antonio Tabucchi lo definía muy bien: “Haced lo que os parezca que nosotros os perdonamos igual”
Por el otro lado, nos encontramos con una institución, como es el gobierno de la Generalitat, que no consigue abaratar la patria. Cosa que no es de extrañar al centrar todos los esfuerzos en proclamas y cantos líricos independentistas con tal de involucrar a la sociedad civil catalana. Este año la performance de la Diada no se sabe lo que costará, pero lo que sí se sabe es que todos los soberanistas construirán con su presencia una V de victoria con el afán de demostrar al mundo entero que hay una gran mayoría de catalanes que quiere independizarse de España. El mundo nos mira, dicen. Parece un juego de niños, pero en absoluto lo es, llegando la irresponsabilidad a tal grado que incluso los gobernantes jalean a la desobediencia civil incitando a que se saquen las urnas a la calle el día 9 de noviembre en el caso de que el Tribunal Constitucional vete el referéndum.
No cabe duda de que la desfachatez con la que se está desarrollando la campaña de movilización de la Generalitat ha comenzado a levantar ampollas hasta el punto de que un grupo de periodistas de la televisión pública catalana TV3, alertaba sobre la falta de neutralidad de dicha televisión alegando que las informaciones sobre la manifestación de la Diada eran llamamientos descarados a la participación en los que se explicaba la forma de llegar, los tramos que se podían llenar, a la vez que se entrevistaba por enésima vez a los organizadores. Pero lo que se dice informar de las consecuencias económicas de la independencia, nada de nada.
Cierto es que determinadas instituciones catalanas han realizado estudios que minimizan el impacto, al aplicar en sus simulaciones escenarios Happyflowers en los que se pactaría una independencia amistosa con el Gobierno español bajo la tutela de la UE. Nada más lejos de la realidad. La salida de la UE sería inmediata, e importantes miembros así lo han manifestado. Una declaración de independencia convertiría a Cataluña en un tercer Estado y por tanto no se le aplicarían los beneficios de los tratados. Incluso la señora Merkel se pronunció recientemente defendiendo la integridad territorial de todos los estados miembros
Se puede desear la independencia por razones sentimentales, pero no económicas. Alegan los soberanistas que el nuevo Estado podría seguir en el euro. Desde luego que sí, pero la tarea sería harto complicada ya que los bancos de una Cataluña independiente no tendrían acceso al crédito del BCE, lo que llevaría a no poder descontar la deuda pública en el eurosistema a no ser que pasaran a ser bancos extranjeros, es decir, bancos españoles. Es bueno recordar que si nuestro país no salió del euro en el año 2012, ante la masiva salida de capitales sufrida fue gracias a que las emisiones de deuda pública del Estado español fueron cubiertas gracias a los créditos concedidos por el BCE a los bancos españoles
Sin lugar a dudas la salida del eurosistema llevaría a una masiva salida de capitales obligando al nuevo Estado catalán a emitir su propia (respecto al euro) y muy devaluada moneda para financiarse mediante la creación de dinero con la consiguiente inflación. Con ello, se pondría en marcha una espiral de devaluación e inflación donde la segunda acabaría con las ganancias de competitividad de la primera que llevaría ya de por si a unas caídas de renta y empleo provocadas por la salida de España y de la UE. La gran merma que sufrirá el comercio, tanto interior como exterior por la no pertenencia a la UE unido a las desviaciones que se podrían dar en las inversiones extranjeras provocadas por el efecto frontera, provocarían que el nuevo Estado catalán comenzara su andadura soportando unos costes que podrían situarse en torno al 20% del PIB catalán.
Lo que menos necesitan los mercados financieros en estos momentos es el ruido de gaita escocesa o de tamborí catalán. Prueba de ello es lo ocurrido esta semana en Escocia. Todos los analistas coinciden en que la posibilidad de la independencia escocesa crea inquietud entre los inversores. La victoria del «sí» no sólo sería económicamente negativa para los escoceses, sino que podría poner en riesgo la recuperación económica experimentada por el Reino Unido en el último año.