Hacia un mercado floreciente en empleo

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en El Economista, el 19 de julio de 2014.
Podemos decir que tras tres trimestres consecutivos de crecimiento de PIB, se ha consolidado la recuperación de la economía española al pasar solo en un año de una contracción de PIB del 1,2% a unas previsiones de crecimiento para el 2014, según nuestros cálculos, del 1,4%. Además, la canícula estival nos avanza un crecimiento trimestral del PIB del 0,5%, situándonos sorprendentemente por encima de nuestros vecinos europeos. Pero, a pesar, de que estamos creciendo más de lo que pensábamos hace seis meses, probablemente a más de uno le acechará la vigorosidad de nuestro crecimiento, y si el mismo se traducirá en creación de empleo. No en vano desde el comienzo de la crisis, la tasa en empleo cayó en España 10 puntos llegándose a situar en el 55% en el año 2013. Como apuntaba el ampurdanés Josep Pla:“Cuando los mercados son florecientes, la vida es abundante pero cuando decaen, el hambre para la mayoría está a dos pasos”.
Bien, nuestra recuperación será robusta si persiste en el tiempo la concatenación de varios factores. Probablemente habrá algunos que no podamos controlar y que limitarían nuestro ritmo de crecimiento, tal sería el caso de que una crisis mundial frenara nuestro principal motor de crecimiento, como es el sector exterior y el turismo, o tal sería el caso de que nuevas turbulencias azotaran el afianzamiento del euro. En nuestra memoria debería quedar grabado para siempre la célebre frase de Dragui que nos libró de tener que entregar nuestra cabeza en bandeja de plata. Desde entonces, la historia es por todos conocida. Un severo ajuste con el objetivo de reducir costes requirió multitud de reformas y sacrificios a la ciudadanía que, a día de hoy, están empezando a dar sus frutos.
Pero, por el contrario, hay otra serie de factores que,con toda seguridad, podemos controlar y en los que todavía nos queda camino recorrido para que nuestra recuperación sea floreciente en la creación de empleo. Tal es el caso del mercado laboral, de la reforma fiscal, así como del proceso de consolidación fiscal. Deteniéndonos hoy en el mercado laboral, sabemos que nuestras empresas han ido progresando en competitividad debido a la reducción de costes laborales, pero aunque nos pese, y a resultas de ser antipática, deberemos continuar con la moderación salarial, clave para que nuestras empresas ganen la competitividad perdida y se acelere la creación de empleo. Más de uno se dirá que siempre se está a vueltas con lo mismo y que la competitividad no puede depender solo de la moderación salarial. En efecto, hay otras variables que nos hacen ser más productivos, y por ende, más competitivos. Al fin y al cabo la productividad no es otra cosa que el espejo de la eficiencia en el uso de los factores de producción, tanto en capital humano, como en capital tecnológico y físico. Pero es bueno recordar cuáles fueron los factores que contribuyeron a nuestra perdida de competitividad. Nada mejor para refrescarnos la memoria que un estudio sobre “El problema de la productividad en España: Causas Estructurales, Cíclicas y Sectoriales de J.R Cuadrado Roura y A.MoratóSanchez, para Funcas en el que, tomando cifras medias desde 1996 a 2010, se ve cómo los salarios en nuestro país aumentaron el doble que en la eurozona, nueve veces más que en Japón y crecieron a un ritmo muy similar que el de Estados Unidos. Claro que con la diferencia de que nuestro crecimiento en productividad fue mucho menor. Las consecuencias de todo ello provocaron en nuestro país un crecimiento de los costes laborales cuatro veces mayores que en la Eurozona.
Progresivamente, se ha ido ganando competitividad. El año pasado los costes laborales disminuyeron un 1,3% en el conjunto de la economía y durante éste primer trimestre se han vuelto a reducir, con lo que prácticamente podemos decir que hemos recuperado la competitividad perdida. Pero aun y así, la elevada tasa de desempleo irremediablemente reducirá la presiones al alza sobre los salarios hasta que los costes laborales se ajusten hasta un nivel que se corresponda con el de nuestra productividad con lo que este año volverán a reducirse en torno a un 0,4%. Cierto es que no podemos competir toda la vida vía precios y costes bajos, al fin y al cabo siempre habrá otros países más competitivos. Pero más cierto es que se tiene que recuperar los márgenes empresariales para poder competir en innovación y en calidad de los productos. Nuestras ventajas competitivas son todavía limitadas. Conseguir avances en la productividad exige medidas que estimulen la inversión productiva, la incorporación de nuevas tecnologías y un mejor aprovechamiento del capital humano, así como la recuperación de la actividad industrial. No hay que detenerse en ello.