Apunte económico para un nuevo reinado: de Juan Carlos I a Felipe VI

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en El Economista, el 19 de junio de 2014 .
Un día de Reyes de 1969, añoen el que Franco hizoa Juan Carlos de Borbón sucesor en la Jefatura del Estado, la agencia Efe le preguntabasi no creía que la Monarquía podría resultar una institución anacrónica en la era espacial en la que se vivía. A lo que éste, hábilmente,respondió: “Mire, honradamente no creo que haya instituciones antiguas y modernas, sino eficaces o ineficaces. Mientras no se demuestre lo contrario los pueblos tienen, en nuestra época, un problema de estabilidad y continuidad en sus estructuras políticas. Precisamente los pueblos capaces de afrontar los grandes avances técnicos y sociales de nuestros días, son aquellos que, por otro camino, han conseguido una política nacional sólida y estable. La paz entre los pueblos se construye a través de aquellos pueblos en paz consigo mismo “
En esas fechas, nuestro país todavía no había sido azotado por la crisis petrolífera, y las buenas noticias económicas se entrelazaban con el malestar político.Las estadísticas confirmaban que el PIB había subido 4,7 puntos, la UNESCO certificaba que éramos el tercer país del mundo en grandes presas, solo aventajados por EE.UU. y Japón, e incluso la OCDE señalaba que España había alcanzado una importante mejoría en la balanza de pagos a la vez que permanecían estables los precios. Eran los años del boom del turismo internacional gracias al efecto arrastre de la ola de prosperidad que disfrutaba toda Europa occidental.Sin embargo, detrás de tanto júbilo por las espectaculares tasas de crecimiento, la economía de nuestro país escondía grandes limitaciones.La gran moderación salarial y la escasez de puestos de trabajo, no hacían otra cosa que impulsar un gran éxodo de trabajadores hacia Francia, Alemania o Suiza con la intención de volver cuanto antes con sus ahorros en el bolsillo, a la vez que un crecimiento del PIB intenso en industria y en servicios, con un desigual desarrollo regional, evitaba que el paro se desbocase.Ese mismo año los astronautas llegaron a la luna y la Seguridad Social cerraba las cuentas con un superávit de 18.000 millones de pesetas. Era la época del milagro español.
Siete años más tarde, nuestro Rey comenzaba su reinado pilotando una Transición hacia la democracia que culminaría con nuestra entrada en la CEE en el año 1985.Como herenciarecibía muchas hipotecas del régimen anterior. Una excesiva dependencia energéticadel exterior debido a que nuestra producción de bienes requería un alto consumo energético (siderurgia, química, construcción naval), un mercado laboral rígido y paternalista con una baja dotación tanto en capital humano como en tecnología. No en vano,el crecimiento económico de la etapa franquista se había basado en un uso masivo de tecnología exterior y una mínima inversión en I+D.Y si a esto le unimos la gran dentellada que el petróleo decidió propinar a medio mundo provocando los shocks petrolíferos de 1973-74 y 1979-1980, el panorama económico no podía ser más desolador. La crisis que no solo afectó a los países industriales desarrollados, sino también a los subdesarrollados de la periferia, tuvo en nuestro paíssuspeculiaridades españolasque explosionaron con toda sus gravedad en la segunda mitad de 1975. Y es que nuestro país tardó en hacer el ajuste ocultando la crisis. La elevación del precio del crudo nos pilló con una tasa de inflación del 14%(en el último trimestre de 1973) y el Gobierno franquista, en vez de repercutir el alza de crudo en los consumidores, para evitar una caída de la demanda interna, lo compensó con subvenciones y reducciones fiscales, lo que produjo un aumento del consumo del 6%, mientras que éste disminuía en el resto de los países europeos. Claro quela media del coste del crudo en nuestro país era un 23 % menor que en las cuatro principales economíaseuropeas cuando nuestra dependencia energética era un 20% superior a la de los países de la CEE y un 45% superior a la de los países de la OCDE.No fuimos una excepción entonces para entrar en la tormenta perfectacomo tampoco lo fuimos recientemente.Por otro lado, los efectos de la crisis europea hicieron que se desequilibrara nuestra balanza, al desplomarse en un 20% los ingresos por turismo y en un 5% los ingresos por transferencias.Se devalúo la peseta (1976) acompañado de una política monetaria expansiva de dinero barato, lo que llevó a un aumento muy elevado de la inflación. La combinación de alta inflación, el déficit exterior y la dependencia energética, hizo que nos posicionáramos en valores muy peligrosos.
Al brutal choque petrolíferose le unirían las subidas salariales provocadas,como dice el profesor Luis Gámir, por el efecto champagneque el cambio político había propiciado, lo que produjo que los empresarios vivieran la crisis más como un encarecimiento de los costes laborales que como una subida de los costes energéticos. Las consecuencias, las podemos imaginar.Entre 1977 y1984 desparecieron 1.720.000 empleos convirtiendo a nuestro país en paro adicto. Salvo honrosas excepciones, como fue elciclo que se inició en 1996 y culminó en el 2006, época en la que nos sobrepasaron en tasa de desempleo algunas economías europeas. Siempre estuvimos en el pódium en cuanto a la tasa de desempleo.Los Pactos de la Moncloasupusieron el primer esfuerzo para abordar la crisis, y a pesar de que no se consiguiera detener el paro, alcanzando éste su punto más álgido en 1985, al llegar a una tasa de 21,5%, sí se consiguió atajar la inflación. Seguro que mas de uno recordara a Fuentes Quintana en la televisión explicando a los españoles con claridad la magnitud de la crisis. De ahí que el sacrificio exigido mediante el cual los salarios reales dejarían de crecer en la misma cuantía que los precios fuera aceptado.
No sería hasta 1982, cuando nuestra economía iniciara una senda de crecimiento que se vería nuevamente abortada por la recesión del período 1992-1993.Esta vez, los empresarios quisieron hacer rápido el ajuste, lo que provocó que la recesión tuviera efectos muy negativos sobre el empleo llegando la tasa de paro a ascender hasta el 23%.
A partir de 1996 y hasta 2007, iniciaríamos un período de crecimiento veloz, en concreto un 60% mayor que el de la media de la Unión Europea, que nos llevaría a reducir la tasa de paro al 8,7% en el 2007.Volvíamos a ser el milagro español. Pero lo cierto es que durante este período glorioso, se creó empleo, desde luego, pero se perdió productividad descendiendo ésta de una media del 1,5% en el período 1988-1995, al 0,09%en el 2003-2006.
La maldita coyuntura y la anticuada estructuraquisieron que antes de que nuestro Rey finalizara su reinado, volviera la pesadilla de la tormenta perfecta. Esta vez el crudo no tuvo la culpa. La coyuntura y la estructura quisieron que el euro se cuestionase y que perdiéramos la confianza de los mercados. Las consecuencias, todos lasconocemos:nefastas.Estalló la burbuja del crédito en que nos hallábamos inmersos bloqueándose los canales de financiacióna empresas, familias, bancos e instituciones. La huida de capitales hacia el exterior fue masiva. Se perdió parte de nuestro tejido productivo, subieron los costes de financiación y la tasa de paro alcanzó cotas del 26%.Por el camino, muchos fueron los sacrificios que se tuvieron que pedira la ciudadanía para que mediante ajustes y reformas la recesión expulsara parte del veneno que llevaba dentro.
Hoy, gran día para el padre y el hijo; Felipe VIcomienza su andadura con una coyuntura económica soplando a su favor.Ycomo si actuara al dictado de Ortega cuando éste apuntaba que: “El verdadero revolucionario lo que tiene que hacer es dejarse de vocablos y retoricas y ponerse a estudiar economía”, Felipe VI reclamó hace unos días una apuesta por el conocimiento cuando dijo: “La generación del conocimiento es fundamental para el crecimiento económico y para el progreso de las sociedades”.En efecto , el cambio de modelo que necesita nuestra economía debe ser planeado a medio plazo, asentando firmemente los cimientos de una industria potente y diversificada, capaz de sacar provecho de las riquezas del país y de invertir en desarrollo tecnológico. Si alguna lección hemos sacado de la crisis es que los países mas industrializados son los que menos la han padecido
Sabemos que el rey reina pero no gobierna , pero su ejemplo servirá de acicate para que la sociedad siga asumiendo nuevos retos y algún que otro sacrificio para que nuestro crecimiento económico sea sostenible en el tiempo. Las reformas han comenzado a dar sus frutos , el entorno internacional es mucho mas favorable y no cabe duda que el crecimiento económico facilitara la culminación de los ajustes pendientes. Aun y así, resulta preocupante que nuestro endeudamiento público en 2013 se situase en un 93% del PIB, lo que sin lugar a duda provoca un efecto negativo sobre la capacidad de crecimiento del PIB por la vía del efecto expulsión, al destinar los recursos la entidades bancarias a financiar el déficit en lugar de a financiar a las empresas. De ahí que la consolidación presupuestaria deba de ser una de la prioridades de la política económica, sustentando su estrategia, tanto por el incremento de los ingresos públicos como por la reducción del gasto.
Se ha conseguido frenar destrucción de empleo gracias a la reforma laboral, pero la reactivación del mercado de trabajo deberá ser otra de las grandes prioridades de nuestra política económica. El desempleo y su prolongación en el tiempo, lacra social y fuente de problemas de toda índole, no solo provocaque la renta media de los hogares y empresas se encuentre por debajo de los niveles anteriores a la crisis, sino que descapitaliza el capital humano, siendo este uno de los activos que determinan la capacidad de crecimiento.
Protegerlos servicios públicos para las generaciones actuales y futuras, resultará prioritario , claro que para protegerlos de verdad, los ingresos públicos deberían de aumentar considerablemente. En el año 2013 ascendieron al 38,25% del PIB, porcentaje muy lejano a la media de la UE, 46% del PIB , y al obtenido en el 2007, 41,6% del PIB.La lucha contra el fraude y la evasión fiscal deberán ganar protagonismo en la reforma fiscal así como será necesario rebajar la presión fiscal sobre el trabajo y aumentarla sobre el consumo. El FMI señalaba recientemente que existía margen en nuestro país para aumentar los ingresos de la tributación indirecta, siempre y cuando se protegiera a los mas vulnerables.
Nuestras empresas han ido ganando competitividad , el proceso de reducción de costes laborales ha ido avanzando casi hasta recuperar toda la competitividad en costes con respecto a la media euro que habíamos perdido desde la creación del euro. Este año volverán a reducirse, lo que incentivara la inversión e impulsara las exportaciones. Ayudar a las empresas a crecer, contratar e invertir, dotándolas de un entorno mas idóneo manteniendo la unidad de mercado también será prioritario.
Si analizamos el discurrir del ciclo de nuestra economía desde la década de los setenta hasta la actualidad, la experiencia demuestra que cuando crecemos, lo hacemos por encima de la media, siempre y cuando hagamos s bien los deberes, pero si no los hacemos, creceremos menos que nuestros socios europeos. De la estabilidad económica depende en buena medida la estabilidad política, con el difícil reto para el nuevo reinado de encontrar una solución para Cataluña en el marco constitucional.