Camino del precipicio

Artículo de opinión de Almudena Semur, Coordinadora del Servicio de Estudios del IEE, en El Economista el 14 de diciembre de 2013.

 

En vísperas navideñas  y antes de la aprobación de sus  presupuestos, la Generalitat de Catalunya ha vuelto a sacar de la chistera como moneda de cambio el tema de la patria,  aunque esta vez,  poniéndolo nombre y fecha a la ilegal  consulta soberanista que todo lo ocupa, y  en la que dicho sea de paso, prima mucho más un tema tan prosaico  como es el resultado de las balanzas fiscales que la patria en sí. Ese discutido y perverso  dividendo fiscal de la independencia proveniente del saldo deficitario de la balanza fiscal cifrado en un 8,5% del PIB, llevaría a Cataluña al mejor de los mundos según los soberanistas. Y digo, discutido saldo por las distintas metodologías que existen para su cálculo ya que el mismo puede verse reducido a un 5,8% PIB, e incluso puede dar superávit.

De nada han servido las  advertencias hechas por distintos  organismos en referencia a las posibles perjuicios  que el desafío soberanista  puede traer a la sociedad civil catalana. Valga a título de   ejemplo  la última del presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, en la que advierte sin tapujos  que una declaración de independencia de Cataluña la convertiría en un tercer Estado respecto a la UE y por lo tanto «no se le aplicarían los tratados».  Todo ello sin tener en cuenta  el impacto que provocaría en el mercado interior la ruptura de los lazos con España. Los posibles boicots, deslocalizaciones de empresas, pérdida de cuota de mercado y  de inversiones, estarían a la vuelta de la esquina. No olvidemos que España es el mejor socio de Cataluña en sus relaciones  comerciales.

Distintos estudios apuntan el impacto de los  costes comerciales en un 20% del PIB catalán. Aunque el impacto más costoso para Cataluña  vendría motivado por la inmediata salida de la Eurozona lo que provocaría la perdida de acceso a las líneas de liquidez del Banco Central Europeo.
Hubiera estado bien que los gobernantes catalanes antes de lanzarse a esta aventura hubieran advertido a la ciudadanía de las consecuencias económicas de toda esta fiesta.