Un nuevo impulso para las infraestructuras

Artículo publicado por Almudena Semur, coordinadora del Servicio de Estudios, el 10 de septiembre en Expansión 

 

Durante  la fase alcista del ciclo económico,  nuestro país hizo una gran inversión en infraestructuras. Incluso  se achaca que hasta hubo un exceso de inversión.  Todavía estará en la memoria de todos, la célebre frase del  ministro Blanco apuntando  que la fiesta de la sobreinversion había acabado. Sorprenderá a más de uno, pero  frente a la opinión generalizada,  el ratio de inversión pública  en nuestro país  entre 1995 / 2012 en términos reales de euros invertidos por Km2 y millón de habitantes,  iguala al de Alemania y es inferior  al de Francia , Reino Unido o Italia
Se achaca que se cometieron errores, dejándose para el  final infraestructuras prioritarias que se tenían que haber acometido desde el principio,  como  es el caso del transporte de mercancías por  ferrocarril,   que desafortunadamente  no  constituye una alternativa real, ni un medio competitivo para el transporte de mercancías a lo largo de nuestra geografía. Primaron  los  intereses partidistas tanto a nivel estatal, como autonómico y local,   a sabiendas de que las infraestructuras  por  sí mismas  son   capaces de incidir  en el potencial económico de una región. En cualquier caso,  dejando de lado  la posible oportunidad  política. Es un hecho que en estos momentos contamos con unas magnificas infraestructuras que nos colocan entre los diez primeros países de la Unión Europea.

Al llegar la fase bajista del ciclo económico, la dotación de infraestructuras  fue una  de las partidas  más damnificadas por el proceso de consolidación fiscal. Los   5.968 millones de euros asignados en los presupuestos de 2013,  apenas  suponían  el 40% de la partida del  2010.  Y considerando la inversión en infraestructuras en su conjunto,  es decir lo que realiza el Estado y lo que desarrolla el Sector Público  empresarial, la dotación ascendería a 9.645 millones  de euros, lo que representa  un 15,3% menos que  en el 2012.

Poco dinero queda para la ejecución de nuevas  infraestructuras.  Acabar  las ya  iniciadas,  resulta prioritario,  así como  su mantenimiento  y conservación, lo que no deja de ser menos importante.  Hay que buscar nuevos caminos que impulsen  la inversión  pública con el objeto de mitigar los efectos que tiene su caída sobre la actividad de las empresas  y sobre  la generación de empleo. Incrementar la inversión en el 1% del PIB,  aumenta el empleo entre  180mil y 197mil puestos de trabajo.  Sabemos que  la prioridad del Estado es la consolidación fiscal, de ahí que el nuevo impulso inversor  tenga que venir  necesariamente de la colaboración público-privada.  Los errores del pasado nos tienen  que servir para aprender. Infraestructuras  solo las justas y necesarias.