La volatilidad de la situación económica

Artículo publicado por Joaquín Trigo, Director General del IEE, el 8 de mayo en El Periódico de Catalunya

 

Las familias se han encontrado, hace más de un año, con una drástica reducción de ingresos reales porque tienen que pagar más impuestos. Además, acumulan muchos otros sobresaltos. Por ejemplo, un día se enteran de que las autonomías gastan 28.000 millones más que cuando se inició la crisis o que el número de empleados que trabajaban para las autonomías en 2006 se aumentó, a lo largo de la crisis -2006-2013 en 300.000 personas y ahora supera la cifra de 1,5 millones. Gobierno central pagó este año a los autónomos por cuenta de las administraciones públicas 5.510 millones de euros.

Estos avatares han servido para facilitar los altibajos de cobros y pagos de millones. No con los propios, sino los del país. Han tensado la capacidad del gobierno y han conseguido que buena parte de la población esté empobrecida. Como quiera que la deuda se debe al extranjero, la demanda interior se debilita y esto hace que el paro aumente, lo que, a su vez, obliga a que las administraciones públicas eleven sus prestaciones y extremen su capacidad de recaudar impuestos, tasas, multas etc. A su vez, este entorno, ha propiciado el crecimiento de la economía irregular que se muestra por todas partes, lo que obliga a las empresas que compiten con ella a seguirla o a hacer milagros.

Los esfuerzos mencionados servían para pagar la deuda acumulada más sus intereses, lo que estaba lejos del alcance de cualquier gobierno pues, una vez atendido lo imprescindible, apenas se podía atender a los intereses y, peor aún, obligaba a endeudarse más para poder pagarla. Esa trayectoria presagiaba lo peor pero, el cumplimiento de las obligaciones de pago y la evidencia de cambios relevantes, aportaron confianza y facilitaron que el propio interés de los acreedores llevara a reducir  el coste de la deuda.

Se puede decir que primer envite frontal de crisis se ha pasado, aunque por los pelos. El 7 de mayo se informó que el paro registrado se reducía en el número de 46.050 personas que, no parecen haberse marchado al extranjero y que, en su mayor parte, están en empleos de servicios localizados en Cataluña. Es un dato real que podría calificarse de tenue pero, con todo, bienvenido, especialmente si se hace lo debido para afincarlo y ampliarlo.

¿Qué hacer?. ¿Qué pediría un interventor capacitado y benévolo?. Lo primero, tras informar de sus misión, explicaría que tomar conciencia de que convertir un Ayuntamiento, una Comunidad Autónoma, o cualquier entidad intermedia en un albergue remunerado, es un castigo a todos los demás y, añadiría, que nadie tiene autoridad para usar a su albedrio los recursos públicos. Sugeriría la eliminación de lo prescindible recordaría que la conveniencia de toda nueva contratación por parte de entidad pública ha de estar aceptada por autoridad externa, con potestad específica para ello y esa misma autoridad debería aceptar o cuestionar las nuevas incorporaciones. Pediría la eliminación de las partidas de gasto prescindibles y explicaría los protocolos a usar en cada operación.

Aprender de los demás es bueno. Por ejemplo, Alemania es un país con más población y riqueza que España y, sin embargo, tiene menos ayuntamientos que España y el número de los Landers es inferior al de las CC. AA . Un interventor externo y ecuánime pediría algo similar, pero uno del país lo argaría mejor.