Los cambios y la responsabilidad

Artículo publicado por Joaquín Trigo, Director General del IEE, el 1 de noviembre en La Vanguardia

 

Pocas veces se producen convocatorias electorales en las que se trate de remover las instituciones y, menos aún, que generen tanta discusión e inquietud en unos y esperanza en otros. El abanico de opciones es amplio y, se diga o no, va desde la continuidad hasta la ruptura. Las discrepancias instan a quienes quieren recomenzar ex novo a aludir a grandes cambios que redundarían en mejoras importantes. Por su parte, los continuistas mencionan que esos cambios generan costes, dificultades y riesgos que podrían mantenerse por periodos largos. La experiencia ajena recuerda que, en los primeros momentos las dos partes quedarán dañadas, si bien afectando más a la parte más pequeña, que tiene menos ventajas asociadas a la dimensión y la variedad. Esto, por ejemplo, ocurrió en Suiza cuando el Jura se separó del cantón de Berna en 1978, se fundó como cantón y al año siguiente solicitó su integración con la Confederación Helvética. Eso fue fácil porque Suiza tiene una constitución federal que se remonta a 1848 y tiene una cláusula que establece que puede ser reescrita completamente si lo requieren las circunstancias. En España y en Cataluña no hay una Carta Magna, de modo que los cambios son complejos y lentos, máxime cuando por medio hay distorsiones, intereses y prisas.

El actual gobierno de Catalunya fue el primero en asumir la situación crítica del país, explicó las circunstancias, los orígenes y las vías de salida. Inició los recortes, aceptó las confrontaciones y asumió el desgaste consiguiente. Apenas dos años después inicia una vía de separación de España. Los primeros escarceos estaban en torno a “España nos roba”. Ningún vendedor insulta a sus clientes y el resto de España es el más importante, aunque el resto del mundo aporte algo más. La explicación era que los impuestos pagados superan al gasto del Gobierno en Catalunya. La tributación es progresiva y grava más a las rentas más altas (Cataluña tiene una renta per cápita superior a la media) para temas generales y para ayudar a las comunidades más pobres. Si los impuestos pagados en Cataluña se quedaran en ella, para evitar el “robo”, se deberían gastar en las zonas más ricas o bien devolver a los de más renta lo que estuviera por encima de la media.

Otras veces se alude al “espolio fiscal”, que se sustenta en la balanza fiscal de Catalunya obtenida mezclando los métodos de estimación, esto es los enfoques del flujo monetario y del flujo del beneficio. Así se llega a conclusiones acerca de lo mucho más que tendría Cataluña si fuera independiente. Sin embargo, una parte, la proporción que representa hoy el retorno fiscal que tiene Cataluña, no está lejos de la que tienen las regiones europeas más ricas. Por otra parte, se evita mencionar que, en una situación de ruptura, los beneficios de las filiales de empresas catalanas radicadas en el resto de España tributarían donde estén ubicadas, como ocurre ahora con las filiales de empresas extranjeras.

La reducción de compras procedentes del resto de España que podría derivarse de la secesión se minimiza aludiendo al “boicot del cava”, como si una salida de una persona fuera comparable a una secesión o, en este caso, a la separación de Eslovaquia respecto a Chequia, que fue efectivamente pequeña, como ya lo era antes de la ruptura. Con el paso del tiempo el efecto se reduce, pero será importante tanto por el ingreso que reporta como por su aportación al pago de las importaciones. En el 2011 las exportaciones de Cataluña a España fueron de 49.389 millones y al resto del mundo de 55.525millones. Las importaciones de Cataluña de España representan 26.705 millones y las del resto del mundo 70.850 millones. El saldo interior fue de 22.685 millones y el exterior, de -15.325 millones. Puesto en palabras, el déficit exterior se cubre con el superávit interior, que aporta un remanente adicional.

En una situación preelectoral se suelen exagerar las bondades propias y las limitaciones ajenas. Dos días después vuelven la mesura y la reflexión, se reconocen los puntos de encuentro y poco después incluso la cordura.