La confianza como base de la economía

Artículo publicado por Joaquín Trigo, Director General del IEE, el 14 de octubre en La Vanguardia

 

La palabra es compleja. La Real Academia (R. A.) le otorga siete acepciones de las que seis están en moda sea por su presencia o su brusca ausencia: Esperanza firme que se tiene de alguien o algo/ Seguridad que alguien siente en sí mismo/ Presunción y vana opinión en sí mismo/ Ánimo, aliento, vigor para obrar/Familiaridad en el trato/Familiaridad o libertad excesiva. La restante alude al pacto o convenio echo oculta y reservadamente entre dos o más personas. Las primeras aluden a seguridad en algo o en alguien e incluso en uno mismo, en el vigor, arrojo o fuerza que se tiene …etc. Si esas cualidades y condiciones desaparecen, con ellas también se reducen las iniciativas personales y la recuperación de la situación inicial se hace más difícil porque es muy fácil perder la confianza pero, en cambio, su recuperación es muy difícil.

La relación de confianza que expone la R. A., y su correlato de desconfianza, se extiende a la interacción entre las empresas y a los distintos grupos que las componen, a las administraciones públicas e incluso países junto a las posibles variantes que se dan entre ellos y sus componentes. Las decisiones estratégicas requieren tiempo y suelen conllevar riesgos importantes, de modo que sin certeza en la continuidad y solidez de los aliados estables es difícil que se opte por llevar adelante actuaciones que requieran mucho tiempo, aunque se puedan pactar compensaciones, pues estas, rara vez compensan plenamente los daños sobrevenidos por causa de incumplimientos.

En la relación cotidiana entre trabajadores y directivos es conveniente que las ideas puedan fluir en todas direcciones de modo que las sugerencias generadas en la actividad cotidiana puedan aplicarse y mejorar la eficiencia. Esta capacidad es fácil en países como Alemania o Japón y, en general, donde los ingenieros y otros técnicos han pasado por las plantas de producción, en las que se aprende el oficio y se toma nota del conocimiento práctico de las personas. En estos ambientes ayuda la posibilidad de que los trabajadores puedan volver a estudiar en cualquier momento, sin necesidad de pruebas irrelevantes ni exigencias adicionales ni obligación de esperar varios años para poder reanudar el estudio. La combinación de formación con la experiencia práctica permite que estas personas asciendan en sus empleos y beneficien a la entidad para la que trabajan en la que pueden llegar a asumir cualquier responsabilidad.

El servicio militar, obligado y largo, servía para conocer bien a los compañeros, a uno mismo y a la humanidad en sus debilidades y fortalezas, lo esperable y lo que no. En España había un componente elitista que llevaba a los estudiantes una vía propia y algo apartada de la tropa. Las prácticas que hacen los estudiantes en las empresas durante los veranos sirven para que aprendan, también, para apreciar sus cualidades y, si procede, ofrecerles empleo. La relación laboral permite apreciar los conocimientos, las disponibilidades de los demás y su capacidad de sugerir mejoras que, sin ser inventos patentables, contribuyen a acelerar procesos, evitar paros y mejorar el uso del equipamiento, pero también, a elevar la autoestima de todos, a facilitar que aparezcan nuevas sugerencias y mejore el ambiente interno. En un entorno de confianza, cuando hay una crisis persistente hay posibilidad de una “devaluación interna” que supone reducir costes, agilizar la producción y mejorar la calidad de manera que se gane competitividad y aumente la cuota de mercado al que se sirve. Estas decisiones se deben mantener durante periodos prolongados lo que la convierte en una opción complicada y que, solo es posible cuando, gracias a la confianza, los participes son capaces de persistir en la orientación acordada.

En 1994 se publicó el libro de Francis Fukuyama “Trust” (confianza) en donde explica las diferencias en el tamaño de las empresas de unos países respecto a otros. Su tesis, bien explicada, es que la dimensión ha de ser pequeña donde la propiedad tiene que estar supervisando todo a fondo de forma continua, pues esa rutina absorbe el tiempo necesario para diseñar y acompañar la expansión. Así, países en donde la suspicacia es la pauta, como Italia o España, con pocas excepciones, no son capaces de dotarse de empresas de ámbito mundial. Mucho antes, y en otro contexto, A. Marshall escribió que “Muchas de las economías que normalmente se consideran que corresponden a las … fusiones, se pueden obtener por acuerdos particulares de cooperación…”. Lamentablemente, en un marco de recelos y sospechas es difícil hacer aportaciones relevantes, porque las partes prefieren guardar conocimientos que pudieran ser utilizados por los aliados en contra de quienes los generaron.

El entorno en que se desarrolla la actividad también incide en la vida empresarial, especialmente las Administraciones Públicas, que con las normas, exigencias de información, impuestos … absorben un tiempo y medios relevantes. También importa su actuación a través de posicionamientos que pueden iniciarse en un marco de confrontación que, siendo meramente verbal, puede ser interpretado por una parte de usuarios y compradores como agresivo o meramente displicente, con lo que puede inducir a ciertos clientes a cambiar de proveedor y a las empresa a buscar otros aliados. Desde las empresas no es fácil evitar estas contingencias y sus secuelas, de manera que deben encontrar vías para recuperar la credibilidad y transmitir de forma convincente que sus tareas se centran en obtener la mejor calidad, el servicio, la atención a la clientela y la innovación continua en beneficio de sus mercados. El tiempo es un factor a tener en cuenta, es cierto que lo borra todo, pero no lo consigue de inmediato y lo que se ha perdido es irrecuperable y mientras, otros ofertantes pueden quedarse con cuotas de mercado que serán difíciles de recuperar requiriendo tiempo y nuevos costes.