El baile de las naciones

Artículo publicado por Joaquín Trigo, Director General del IEE, el 29 de septiembre en El Economista

 

Los países son un resultado de la acción humana y por tanto imperfectos. Sus normas cambian continuamente y su configuración también, si bien más lentamente y apoyándose en tratados, acuerdos … Los cambios en las normas pueden afectar a terceros y tener un impacto diferente en las distintas partes del país con el resultado que induzca a la ruptura. Esta posibilidad puede materializarse suavemente (como en Checoeslovaquia que se dividió en Chequia y Eslovaquia), pero en otros casos puede ser más complejo, especialmente si la unión es muy larga y se han compartido leyes e historia. El Govern de Cataluña, su partido y otros que son mayoría en el Parlament, consideran conveniente cambiar la relación con España, a fin de tener más capacidad de movimientos, aunque todavía no está claro si es la independencia o meramente un estatuto que, sin romper con España, aporte más flexibilidad en las acciones y menor coste en la financiación de temas comunes.

Las desavenencias las menciona una parte y, de inmediato, la otra exhibe sus agravios. Lo mismo que en las parejas, según sea el afecto mutuo, la realidad pasada y la voluntad que se ponga, habrá continuidad o ruptura y ésta, a su vez será amistosa o con animosidad. En el primer caso ambas partes tienen una posibilidad de ganar ambas, tanto si se evita la ruptura como si se llega a ella. En el segundo se llega al conflicto y  ambas partes resultan perjudicadas, al menos en lo inmediato. En una discrepancia enconada se propicia el lo segundo mientras que, con la cooperación, es más fácil y menos dañino. Lo segundo es mejor y se consigue hablando y negociando en vez de criticando. En Cataluña se sabe negociar y vender, pero en este caso habido improvisación, imprecisión y salidas de tono que conviene eliminar, sin mengua de la razón que insiste en buscar una vía propia.

Un argumento equívoco, que deja en entredicho a la cortesía catalana, es que “España nos roba”. El argumento es que la recaudación fiscal que paga Cataluña supera con creces lo que recibe. Dado que, por un lado, la media de la renta per cápita catalana supera con mucho la media estatal y que el IRPF es progresivo, eso comporta una aportación superior a la media. Por otra parte, el gasto público prioriza la ayuda a personas y áreas de menor renta, con lo que lo que se asigna a Cataluña ha de ser menor a lo tributado. Como se paga más de lo que se recibe se dice que la diferencia es robo. La queja contra el robo cuestiona la redistribución interterritorial. Si fuera coherente pediría su reducción o, yendo al fondo, se pediría eliminar la redistribución interpersonal, porque los que pagan más siguen recibiendo menos de lo que cotizan. Si se eliminara la progresividad, o si los impuestos volvieran a los contribuyentes, miles de personas de toda España y otros países se empadronarían en Cataluña.

Una ruptura áspera es indeseable, entre otras razones, porque el actual comercio interregional podría reducirse, de hecho se reduciría sin que se sepa cuanto y con perjuicio para ambas partes, pero especialmente para Cataluña porque tiene un saldo comercial superavitario, incluso en plena recesión. Ese comercio, en el periodo 1995-2009 logró unas ventas anuales medias de 43.210,1 millones €, y en el mismo periodo hubo una media de compras de 24.862,4 Mill. €, lo que supone un saldo medio en torno a 18.339 Mill. €, que se fueron reduciendo a medida que la crisis reducía la demanda y quedó en 18.099,8 millones € en 2009. En el periodo 1995-2009 la media anual de ingreso neto en el comercio interregional ascendió a los 23.210,1 millones de €., según datos del Informe Trimestral sobre el comercio interregional en España promovido por CEPREDE y patrocinado por 10 Comunidades Autónomas entre las que está Cataluña.

Una parte de la probable reducción de las ventas al resto de España se podría compensar con exportación a terceros países y, de hecho, en el año 2011 esas ventas (55.525 Mill. €) superaron a las realizadas en el resto de España (49.389 Mill. €). Se pueden aumentar y en cualquier circunstancia conviene hacerlo, pero hay que tener presente el importe de las importaciones, en el mismo año, supera al de exportaciones en 15.325 Mill. €. En tanto que las ventas a España dejaban un saldo neto de 22.685 Mill. €.

La relevancia del tema y las circunstancias del momento aconsejan negociar lo que sea preciso, explicar con toda claridad –como hizo en Canadá la parte francesa disidente- prescindir de desplantes históricos reales y presuntos, reconocer las debilidades en presencia comenzando por las propias y ser cautos, porque, a pesar de las carencias, las debilidades propias tienen mejor comprensión en la otra parte que ante terceros, como ilustra el pedido de la Generalitat (5.023 Mll. €) a través del Fondo de Liquidez Autonómica, tras recabar y obtener lo que solicitó para el mismo fin el ejercicio pasado.