Los rescates: causas y variedades

Artículo publicado por Joaquín Trigo, Director General del IEE, el 12 de agosto en La Vanguardia

 

A lo largo de este año el rescate financiero de España e Italia ha sido un tema recurrente que se presentaba en dos versiones, la impuesta en línea con las experiencias de Grecia, Portugal e Irlanda y, una versión de menor dureza apoyada en la menor necesidad relativa de estos otros países y en las implicaciones que pudiera tener para el conjunto de la UE, empezando por el euro. La experiencia evidencia que cada situación es diferente: el enfado y la  incomprensión de Grecia, la triste aceptación de Portugal y el brioso esfuerzo de Irlanda para recuperarse. En los tres casos hay exigencias de mayor esfuerzo fiscal, descenso de prestaciones públicas y de gastos, reducción drástica del tamaño y del personal de las instituciones públicas, venta de posesiones como edificios, terrenos y empresas públicas etc.

 

Los dos candidatos in péctore han tomado nota del coste monetario que están soportando, de la debilidad y mengua de sus administraciones, del empobrecimiento del país y sus ciudadanos. Saben que la ayuda comporta exigencias necesarias (reducción del gasto, compromiso de pagos …) y otras, discutibles, como las ventas inmediatas de edificios y otras, que se malbaratarían si se enajenaran en un momento de depresión económica. Los políticos aceptan que eso es necesario, pero también es impopular y temen, con razón, que los resultados requieran un tiempo que vaya más de su legislatura. En consecuencia, piden ayuda para combatir las especulaciones que encarecen su deuda y toman decisiones en el sentido exigido a los países ya intervenidos, pero insisten en sus peculiaridades, como, por ejemplo, en España el peso relativo de la deuda pública respecto al PIB, es relativamente bajo o que, en Italia, una gran proporción de su deuda está en manos de titulares del país … Además, está el parón inicial que puede derivarse de estas medidas, que también dañaría al conjunto de la UE.

 

El papel de Alemania es crucial porque es el país mayor y más rico de la UE, pero también tiene una importante experiencia directa con la unificación de su país y la ayuda a empresas con dificultades. Desde hace años, y basados en su experiencia, economistas destacados y los presidentes de las asociaciones empresariales, instan a su gobierno a ser riguroso en términos inequívocos. Así, el prof. Dr. Hans-Peter Keitel Presidente de la Confederación Federal de la Industria Alemana (BDI), exponía en Alcalá, sept. 2009 : “Como Empresarios y Manager operamos bajo nuestra responsabilidad y no debemos tener la menor duda de que hemos de operar de esta forma, que debemos estar preparados para asumir el riesgo de las decisiones empresariales y sus Consecuencias. … La sociedad no debe pagar por las decisiones empresariales equivocadas” y, añade, citando a Ludwig Erhard, “Un tal favor de esta naturaleza lo paga siempre el pueblo, ya que ningún Estado puede dar a sus ciudadanos más de lo que de ellos ha tomado.” En la misma ciudad Dr. Gerhard Braun, en sept. 2011 plantea que para crear un clima favorable a la inversión conviene “reducir drásticamente el elevado endeudamiento público … El Estado se debe concentrar en las competencias que le son propias”.

 

La visión opuesta insta a que sea el gobierno quien impulse la recuperación económica. Es la que orientó los planes de estímulos de la pasada legislatura sin lograr su propósito. En estos casos (v. S. Horwitz (2012), “una vez tomada esta decisión se convierte en una escusa para proponer y aceptar una amplia variedad de temas con independencia de si cumplen las condiciones de un modelo económico para cebar los incentivos que dan lugar a la recuperación”. Los Planes E. entrarían en este enfoque.

 

Los “recortes” van en la buena vía. Son necesarios pero no solo no son suficientes sino que, en los primeros meses, reducen la disponibilidad de medios de pago y aumentan el paro. También son dolorosos, pero lo son más si se hacen en tandas reiteradas en lugar de una única vez. Los ”rescates” buscan facilitar los millares de ajustes que reorientan la asignación de los recursos, pero no se consiguen en un día. La venta de terrenos, empresas y edificios públicos pueden ayudar, pero difícilmente lo pueden lograr si se venden por debajo de coste o para fines inapropiados. Por el contrario, estas exigencias son convenientes si aportan algo a la aparición de nuevas empresas y creación de empleos, para lo que conviene disponer del tiempo y de la reflexión que faltan cuando apremian los vencimientos de la deuda.