Vuelta a la peseta o buenas prácticas

Artículo de Joaquín Trigo, Director General del IEE, publicado el 26 de febrero en Diari de Tarragona

 

La asunción de la moneda única requería cambios y pautas de comportamiento sin los que se cuestionaba la permanencia en esta área monetaria, e incluso, la supervivencia de ésta. La emisión de la nueva moneda estaba pensada para mantener una inflación controlada, que mantendría la competitividad de los integrados en el área y aportaría crédito accesible y barato. Esta condición monetaria debía ir acompañada de innovación continua, aumento en volumen y calidad del equipamiento productivo, mejora continua, buena formación básica y profesional, apertura al exterior y libertad de mercado. Las Administraciones Públicas (AA. PP.) deberían ser cuidadosas con las exigencias fiscales, ser eficientes y gastar según sus ingresos. Esto no ha ocurrido. Las familias españolas, las empresas y las AA. PP. vieron crédito barato, empleo, crecimiento del PIB … y se endeudaron a largo plazo.

 

Antes del Euro las empresas españolas estaban menos apalancadas que las alemanas y otras, porque tenían poco crédito y caro. El euro redujo los ingresos del ahorro de las familias y el coste de la financiación. El aumento de la deuda, en parte financiada desde el extranjero, elevó la demanda por encima de la producción, subió precios, redujo la capacidad de exportar y aumentó el déficit exterior. Parte de las entidades financieras se dejó llevar por la marea y financió sin tener en cuenta los requisitos básicos del préstamo.

 

Las AA. PP., usaron el dinero de la nación como el Gobierno del País: nuevos derechos, proyectos asistenciales, innovadores etc. Crecieron el funcionariado y los niveles administrativos. Cuando hubo constancia de la crisis aumentó el gasto para estimular la contratación y el empleo. En ese momento había caído el precio de la vivienda, terrenos … Gran parte de las AA. PP. estaba sin liquidez y sin expectativas de recuperarla a corto plazo.

 

Sin la unión monetaria, volviendo a la peseta, buena parte de las administraciones públicas mantendría plantillas sobredimensionadas y su gasto. El déficit exterior y el crédito interno se encarecerían (cuando el país está más endeudado), por temor a más devaluaciones y riesgo de default. Empresas y familias reducirán su capacidad de compra. El aumento de costes iría a precios, los sindicatos exigirán el mantenimiento de la capacidad de compra de los sueldos, como en casos anteriores. La causa de la crisis no es del euro sino de las malas prácticas y solo se arreglará eliminándolas, no cambiando una moneda y unos requisitos que ayudan a salir de ella.

 

En sentido contrario podrían aumentar las ventas en el exterior y turismo. Quizá vendría algún comprador de viviendas. Tras la renuncia al euro la valoración de los compradores de bienes y servicios del país cambiará. El incumplimiento de obligaciones aceptadas es negativo. Para mantener una moneda de alto poder de compra, bajo interés hace falta mucho trabajo, innovación, dedicación, estudio, administración pública sobria y normas estables que se cumplan. El recurso a manipulaciones monetarias debe dejarse porque generaadicción en vez de buenas prácticas.

 

En su libro, “La tragedia del euro”, Philipp Bagus desvela el oportunismo que acompañó la creación del euro, ventajas que esperaban unos y otros y aspectos autodestructivos de las desviaciones respecto a pautas incumplidas. En el área euro, según criterio de Maastricht, 12 países incumplen ese criterio y 5 cumplen. En la lista de los incumplidores, de más a menos endeudados, España está en el décimo lugar, con nueve más endeudados y siete menos. En los países de la UE fuera del área euro hay dos más endeudados que España y 10 menos. Esto es relevante pero no tiene en cuenta el déficit exterior, deuda de empresas y familias, proporción de títulos de deuda en manos de ciudadanos del país y la que está en el exterior, tasa de paro … El refrán mal de muchos consuelo de tontos debe cambiar: Mal de muchos es epidemia. Por el contrario “Labor omnia vincit”.