La competititividad y la deuda

Artículo de Joaquín Trigo, Director General del IEE, publicado el 22 de julio en Diari de Tarragona

 

El eje de la economía española es la reducción de la deuda. Antes de entrar en sistema del euro el endeudamiento de empresas y familias era inferior al de los países centrales de UE. Una vez adoptada la moneda única, las Administraciones Públicas (AA. PP.), empresas y familias aprovecharon la baratura y el fácil acceso al crédito. Hoy están endeudadas en cuantías elevadas que se deben a entidades extranjeras. A medida que se desinflaron las burbujas financiera e inmobiliaria bajó el valor de títulos e inmuebles, subió el riesgo que soportaban los acreedores y se elevó tipo de interés mientras el mercado de inmuebles se redujo drásticamente. La recaudación de las AA. PP. se redujo. Gran parte de la financiación estaba en plazos cortos, las entidades financieras se encontraron con dificultades para renovar créditos, cada vez más caros, que elevaron el número de impagos que hundían el valor de los inmuebles y degradaban la solvencia de las entidades más expuestas a están contingencias.

 

En esta situación, es imperativo conseguir una reducción del coste de la deuda. La AA. PP. pueden obtener ingresos con el aumento de impuestos y tasas. En la parte del gasto pueden reducir, o eliminar algunas prestaciones y, en algún caso, imponer copagos para reducir la demanda y liberar recursos. Esas medidas son importantes para conseguir una reducción significativa de la deuda y del coste de su mantenimiento. Esa finalidad es también adecuada para facilitar los pagos pendientes de familias y empresas y evitar la degradación de las entidades bancarias más afectadas.

 

Según datos del Banco de España desde diciembre 2009 hasta mayo de 2014 la financiación recibida por las sociedades no financieras se redujo un 4,5%. Las familias y entidades no lucrativas rebajaron su deuda un 4,1%. Las AA. PP. lo aumentaron un 38,6% lo que obliga a pagar más por cada euro percibido, incide en el coste del conjunto de deuda española y exige actuar.

 

El BOE del sábado 14 de julio de 2012 dedica 90 páginas al Real Decreto-ley 20/2012 de 13 de julio a los 42 artículos, disposiciones adicionales, transitorias, de derogación, finales y anexo. Fija los ingresos que impone, los costes que reduce y “buena parte de las Recomendaciones Específicas formuladas por el Consejo Europeo a España en el mes de junio…”.

 

Las exacciones tributarias y afines son rigurosas y necesarias pero insuficientes para salir del declive económico. La actividad de las empresas españolas debe conseguir más y mejor con menos recursos. Eso es posible en dosis moderadas aprendiendo cada día con ahínco, sumando las aportaciones de todos, desde las que surgen operando las máquinas, lo que aprenden compradores y vendedores hasta los financieros, los presidentes y consejos de administración. Estas aportaciones siempre son relevantes, y ahora cruciales, pero no es muy habitual que se  recojan e implementen en la cultura española. Las empresas que lo hacen suelen tener plantillas más cualificadas que la media y obtienen un buen provecho de esas ideas, que van desde mejoras en los ritmos hasta sugerencias de cambios en las cadenas de montaje, en la logística y otras facetas de la actividad, no solo de la estrictamente productiva.

 

Han subido nuestros costes cuando hay una situación de leve crecimiento en la UE, que es el destino principal de nuestra producción. Los países de la UE y otros, tratan de crecer y aumentar su empleo, lo que significa más competencia. La situación es única en cuanto a imposibilidad de devaluar la moneda. Eso significa que debe ser más competitivos, adecuar las fiestas, reducir el absentismo etc. trabajar más y mejor reduciendo costes …, esto es la desinflación interna. Fuera de la empresa hay campo para la cooperación y alianzas entre empresas, unirse a otras para aceptar pedidos grandes, especialmente en el extranjero, compras conjuntas, formación … para salida rápida, provechosa y sostenible.