El momento de la economía

Artículo de Joaquín Trigo, Director General del IEE, publicado el 15 de junio en El Mundo

 

La UE, más en concreto el área del euro, ha visto intervenir a tres de sus miembros y hay otros que podrían recabar ayudas para poder hacer frente a la renovación de créditos vivos. En su conjunto el ritmo de crecimiento es lento en varios países, en algunos la tasa de paro es elevada, las expectativas son poco alentadoras y la superposición de situaciones delicadas configuran la situación de crítica, si bien cada país tiene problemas específicos.

Una situación así, a pesar de las ayudas externas y compromisos internos, genera inquietudes sobre el empleo, la calidad de la moneda, las medidas a adoptar, la duración de esta situación y otras. La primera consideración es que la situación se gestó a lo largo de unos 7 años, con lo que las dificultades podrían mantenerse durante un periodo similar, mientas la recuperación fuera devolviendo la solvencia de las instituciones, familias y empresas. Simultáneamente hay que contar con reducción de ingresos, aumento de carga y mantenimiento de de un paro elevado. Lo mejor que se puede hacer es mejorar la calidad de productos y servicios tratando a la vez de ganar en eficiencia para proteger el mercado interior y abrir el exterior.

El país se ha empobrecido. Lo que podían gastar los ayuntamientos, las Comunidades Autónomas y los organismos que dependían de ellos, se sustentaban en créditos, que hay que devolver con sus intereses, y en impuestos que hoy son difíciles de pagar. Lamentarlo no sirve de nada y pedir milagros financieros tampoco. Sin embargo, las Administraciones Púbicas deben esforzarse en mejorar la calidad de su trabajo, reducir sus gastos, simplificar normas, eliminar exigencias innecesarias, simplificar trámites y reducir niveles administrativos.

Las desapariciones de empresas han tenido un fuerte aumento desde 2006, con 916 procesos concursales, hasta 2011 con 5821. Al contrario de lo ocurría en otras crisis, en la actual, la carencia de crédito entorpece el reflotamiento y lleva a la desaparición de empresas. Las que subsisten harían bien en repetir lo que se hizo en la última crisis de Alemania. Contener costes, recabar sugerencias de sus trabajadores y clientes, aprovisionarse en países más baratos, aprovechar el tiempo y combatir comportamientos oportunistas en cualquier ámbito pero, por encima de todo, estudiar y servir a los clientes.

La virtud del momento requiere madurez, esfuerzo, perseverancia y comprensión. Lo último recuerda que el deseo y la voluntad, por sí solos, no son nada. Por el contrario, la empatía insta a ayudar en lo posible por el bien común.