La financiación y el tiempo

Artículo de Joaquín Trigo, Director General del IEE, publicado el 14 de junio en El Economista

 

El 9 de junio el Eurogrupo tonó nota de que las autoridades españolas iban a presentar formalmente una petición de ayuda financiera, e informó de su disposición a responder favorablemente. La ayuda sería aportada por el EFSF/ESM para recapitalizar a entidades financieras incluyendo lo necesario más un margen adicional. La cantidad estimada podría llegar hasta los 100.000 millones de euros (up to EUR 100 billion in total) y vendría a través del FROB.

El anuncio fue divulgado con celeridad y analizado rápidamente. Buena parte de los medios de comunicación lo tildaron de rescate, simplemente porque los prestamistas imponen condiciones que afectan a los beneficiarios y el conjunto del sistema financiero, pero sin las verificaciones trimestrales de los países que sí están intervenidos. La administración española y la de la UE mantendrán su vigilia, aunque saben perfectamente que su atención se puede dilatar, mejor dicho, se va a dilatar durante años, al menos tantos como se necesitaron para llegar a una situación como la presente que, partiendo del año 1999, en el que el endeudamiento de las familias y entidades no financieras sin ánimo de lucro ascendía al 51,2% del PIB y el de las Administraciones Públicas (AA.PP.) al 62,3%. Desde este momento la tónica de reducción del endeudamiento se va aminorando, de modo que en 2007 las familias debían el 88,6% del PIB y las AA.PP. sólo absorbían el 36,2% del PIB. Desde ahí el signo se altera y crece hasta alcanzar el 66,0% en 2011 para las AA.PP. En el mismo sentido la deuda de familias y entidades no lucrativas que en 1999 estaba en el 51,2% llega en el año 2011 al 88,2%.

Para el sector público la entrada en el nuevo siglo significó una reducción del peso relativo de su endeudamiento inicial con cambio al aumento de gasto en 2007. Para las familias y empresas consideradas conjuntamente fue un amento continuo del gasto hasta el 2.010. Así, si se consideran conjuntamente los tres sectores, se pasa de una deuda del 174,8% del PIB en 1990 a 242,7% del PIB en 2000 que crece hasta 342,4% del PIB en 2010.

Lo expuesto da una idea del ritmo del endeudamiento pasado, pero ayuda poco a anticipar el ritmo del desapalancamiento posible, entre otras circunstancias porque la reducción del número de empresas es significativa, especialmente en las anónimas que se redujeron un 20% en los últimos 10 años y también se ha reducido la tasa de ocupación, de modo que el paro ha subido desde el l8% a más del 24%. Adicionalmente deben considerarse como pérdidas la emigración de parte de los nuevos titulados y la repatriación de los inmigrantes repatriados. Añadamos las dificultades para la obtención del crédito, especialmente para las nuevas iniciativas, la absorción de recursos financieros por parte de las AA.PP. y la reducción de prestaciones públicas que frena la demanda, sin la que la producción no tiene salidas.

Todas las crisis han tenido su fin. En la situación actual hay peculiaridades que permiten considerar la posibilidad de una salida más rápida, pero para eso aún se requieren algunas iniciativas enérgicas, especialmente en la reducción rápida de las duplicaciones que se dan en las AA.PP., las reducciones en el número de ayuntamientos y de representantes en las diferentes instancias representativas, la simplificación de las normativas vigentes y otras bien conocidas.

Es difícil que los representantes elegidos aprueben criterios que entienden pero no desean ni comparten. También es difícil que lo hagan las empresas de un día para otro. Pero la necesidad es un acicate potente, especialmente cuando afecta a todos y evidencia que el barco en que se boga es lo que se tiene, lo único que hay. En estos casos reluce lo mejor y lo peor, el esfuerzo y el parasitismo y, antes o después, se sale. Lo curioso es que sabemos lo que hay que hacer para recuperar, la producción y la exportación. Se llama la competitividad, esto es la capacidad de aportar el coste, el acabado, la calidad y la duración, la presentación y la solidez, la presentación y la versatilidad, las garantías y, en definitiva, todo lo que desea el cliente y le incita a la compra, lo que hace interesante a un producto o servicio, lo que fideliza al cliente consolida una empresa.

Lo expuesto es palabrería si faltan los medios. Aquí entra la aportación del Eurogrupo que, obviamente no sirve para rehacer exnovo un nuevo sistema financiero. Lo que aporta es un motor de arranque, que empuja y hace ruido diciendo a los timoratos que saquen su dinero a la luz y se unan a una recuperación para la que hay más medios y capacidad que resolución.