En manos de los presupuestos

Artículo de Joaquín Trigo, Director General del IEE, publicado en el suplemento Dinero de La Vanguardia

 

El gobierno ganó unas elecciones cerca del fin de año y sin presupuestos aprobados. Su propuesta para salir de la crisis cargaba con el hándicap del tiempo perdido y el deterioro generado en los primeros meses, afectado también por las dos elecciones pendientes. Durante el lapso de tiempo entre la toma de posesión y la presentación de los presupuestos se agravó la situación llevando el paro hasta el 23,5% de la población laboral, el número de autónomos continuó bajando mientras que, en sentido contrario, la deuda y los concursos de acreedores de las empresas aumentaban.

 

 

Tras la presentación de los propuestos y las medidas complementarias la valoración hecha por técnicos y políticos relevantes de la UE fue positiva y, en el ámbito financiero, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Sra. Christine Lagarde, calificó el 19 de este mes, las medidas de “muy buenas”, “muy bien venidas”, “concretas”. Añadía que “las autoridades españolas están tomándose muy en serio esta situación” e instaba a la UE a que permitiera que el fondo de rescate europeo pudiera inyectar dinero directamente a los bancos de los países de la eurozona sin necesidad de tener que ayudar a los gobiernos. También resaltó la importancia de volver al crecimiento lo antes posible.

 

En España, la acogida fue dispar, con discrepancias notorias. Especialmente en lo concerniente al copago de medicamentos y número de alumnos en las aulas, lo que indica que hay enfoques desiguales en lo que debiera ser unanimidad. El origen de la discrepancia deriva de la bonanza financiera durante los primeros años del euro que, mientras duró, permitió a bajo coste hacer viviendas e infraestructuras, aumentar la plantilla de empleados del sector público y privado, aumentar las prestaciones de todo tipo, financiar innovación e investigación, ayudar al tercer mundo etc. Con la crisis buena parte de estas actividades, por respetables que sean, son inviables pero, para quienes participaban en ellas, la renuncia es difícil de entender y aceptar incluso, si lo que se pretende es recuperar una situación que permita reanudarlas aunque queden en un nivel más asequible.

 

La deuda financiera de empresas, familias y administraciones públicas está en el entorno de tres veces el producto interior bruto. Lo más importante ahora es conseguir un tipo de interés bajo que permita pagar intereses y, poco a poco, rebajar el principal. Dado el volumen de esa deuda, la diferencia entre pagar por encima del 4% o la mitad de esa cifra, estriba en que en el primer caso el principal debido no se reduce, lo que eleva aún más la prima de riesgo y aumenta la probabilidad de intervención, mientras que en el segundo se paga el interés y se rebaja algo del principal  quitando miedo a los prestamistas.

 

La salida de esta situación pasa por dos fases. Estamos en la primera, que aumenta impuestos, reduce prestaciones y que conviene acortar tanto como sea posible, pero dejando atrás los problemas de sobreendeudamiento y el exceso de gastos. En esta fase es obvio que la demanda interior bajará y las exportaciones podrían reducirse. Esos problemas se reducen si se mejorar la eficiencia y la competitividad en todos los ámbitos, como han hecho países como Alemania. Una vez demostradas las capacidades de adaptación y la competitividad, la reducción de impuestos y costes financieros permitirán volver a crear empleo y exportar.

 

En el proceso hay dificultades asociadas a la frustración, el esfuerzo requerido y otras  que instan a minimizar el valor de los datos, buscar culpables a los que responsabilizar o medidas a criticar. Así se quita relevancia al hecho de tener la mayor tasa de paro de Europa solo los datos de Grecia e Irlanda (ambas intervenidas) se acercan al de España. Ejemplo del segundo es prescindir del origen de las dificultades y culpar a quien quiere resolverlas. Se critica el copago porque recauda muy poco, lo que es tan cierto, como que lo gratis genera demanda ilimitada mientras un módico pago la pose en su sitio.

 

Por suerte hay contrapesos, externos, como las orientaciones de la UE y el FMI e internos, como la propuesta del Consejo del Poder Judicial  que propone reducir el número de los partidos judiciales a la mitad y … reducir la litigiosidad.