El comienzo de la recuperación: primeros pasos

Artículo publicado por Joaquín Trigo, director general del IEE, el 22 de abril en el Diari de Tarragona

 

Las decisiones del nuevo gobierno están presididas y orientadas por la deuda pendiente que incluye la de las familias, empresas y administraciones públicas. Su volumen asciende a más de tres veces el PIB del país, sin contar facturas pendientes de ayuntamientos, comunidades autónomas, centros sanitarios y otros. La cifra es elevada y creciente, por lo que conviene comenzar a reducirla lo antes posible, por dos motivos, quitar el miedo a quienes la financian a fin de bajar el tipo de interés y reducir en lo posible el principal pendiente para tener medios con los que ayudar a la recuperación y el empleo.

 

A ningún gobierno le agrada asumir aumentos fiscales y reducir las prestaciones pero, de no hacerlo, la situación de la deuda apenas se mantendría unas semanas, la prima de riesgo crecería y el país sería intervenido. Así, esta prioridad viene impuesta por las circunstancias y el primer paso es contar con el marco legal adecuado. En los últimos meses, las novedades del BOE, han aportado medidas que obligan al propio gobierno,

entre otras, para financiación de los pagos a proveedores, plan de reestructuración y racionalización del sector público empresarial y fundacional estatal, medidas tributarias y administrativas dirigidas a la reducción del déficit público etc.

 

Si se añaden las de febrero: saneamiento del sector financiero y medidas urgentes para la reforma del mercado laboral así como la demorada transposición de normas financieras relacionadas con las facultades de las Autoridades Europeas de Supervisión, se redondea

el entorno normativo pero, también hace falta el concurso de la población y eso es más delicado.

 

Cualquier medida que reduzca una situación consolidada suele generar oposición. La explicación ayuda pero no vale para todos. Así hay críticas acerbas para el copago que, en realidad, recauda poco. Sin embarco, todo lo que es gratis tiene una demanda desaforada y eso es lo que el copago reduce significativamente. La clase media y las empresas se han encontrado con una carga tributaria adicional apreciable y, al tiempo están oyendo que distintas instancias de la UE que piden aumentar el IVA y se comparan con el tratamiento que recibe el dinero no declarado y retornado, que sólo tributará un 10% por salir al sol. La diferencia está en que ese dinero ni es conocido ni está al alcance de la Agencia Tributaria de modo que la comparación entre 10 y 0 es enorme por no decir infinita.

 

La nueva carga se presenta como transitoria pero el período de vigencia dependerá de la eficiencia de los primeros pasos y la seguridad que se aporte. Si se consigue pagar los intereses y reducir algo de la deuda se lograría una rebaja en el interés, lo que permitiría ir más rápidamente en el pago del principal y ayudaría a retornar a la situación anterior a los recortes y aumentos fiscales. En caso contrario el periodo necesario sería bastante superior.

 

Los primeros pasos son difíciles porque las familias tendrán menos ingresos disponibles y las empresas, además de menores ventas, tendrán menores recursos para producir e invertir. Esto ha ocurrido en otros momentos, por ejemplo a mediados de los años noventa en algunos países de Asia. Las empresas más endeudadas tuvieron que reducir su dependencia del crédito para evitar que su coste las hundiera, lo que puede ocurrir si la rentabilidad del activo queda por debajo del coste de la financiación. Por este motivo conviene que el gasto del sector público se reduzca a fin de facilitar la financiación empresarial que, en el contexto actual, es difícil que provenga del exterior que, por otra parte, a corto plazo no será un cliente al que haya un fácil acceso.

 

La situación es delicada y aconseja un buen entendimiento entre la sociedad y el gobierno basado en el conocimiento de la realidad y la mutua asunción de responsabilidades.