Nuestra situación: qué hacer

Artículo de Joaquín Trigo, Director General del IEE, publicado el 19 de abril en El Periódico de Catalunya

 

Los países de la eurozona compartimos un problema: la deuda financiera de familias, empresas y la Administración Pública. La proporción que representa respecto al PIB de cada uno, va desde 2,1 veces en Alemania hasta 3,9 en Irlanda. España está entre las más endeudadas, con 3 veces el PIB. Esta deuda se gestó a raíz de la adopción del € como moneda única, pero especialmente en el 2º lustro de lo que va de si siglo.

 

La deuda se paga y la forma más barata es la de pagar los intereses y el principal. Hay vías para eludir la responsabilidad pero son más caras y duraderas, aunque no lo parezcan inicialmente. Por eso conviene empezar pronto a pagar para que baje el interés y se facilite la reducción del principal.

 

Los primeros pasos son difíciles porque exigen aumentar impuestos, reducir algunas prestaciones púbicas, rebajar en lo posible gastos y dejar para más adelante iniciativas que se puedan postergar. Esas medias reducen la capacidad de compra frenando el consumo y la inversión por un periodo largo, no inferior a dos años, y que serán tanto más dilatados cuanto menos contundente sean el compromiso y la actuación.

 

En democracia es habitual que la oposición cuestione al gobierno. En nuestro caso el principal grupo opositor podría asumir como propios los planteamientos gubernamentales, no tanto porque la situación se gestó en su mandato, sino porque asume que también hay pendiente deuda comercial, que los ingresos disponibles van a la baja, la venta al exterior es difícil, el número de empresas y autónomos se reduce, el paro crece reduciendo aportaciones y aumentando ayudas.

 

Este enfoque requiere aportaciones múltiples para coordinar y acelerar los procesos productivos, para readaptar productos, añadir calidad y comodidad al tiempo que seriedad en todos los ámbitos. Para vender sin devaluar hace falta un enérgico y masivo compromiso con la eficiencia, la calidad, la rapidez, el rigor y la precisión en todos los ámbitos. En otras palabras la opción es convertirse en un país de primera en todos los sentidos y ser competitivos en condiciones adversas.

 

Las situaciones delicadas validan a personas y las instituciones, la valentía de los dirigentes y la seriedad del conjunto de la población, que debe trabajar mucho y bien para dejar algo digno a los vienen detrás. Hay momentos en que el país debe dejarse de lado a sí mismo pensar que se debe hacer y … hacerlo.