Los desvaríos financieros y sus causas

Articulo de Joaquín Trigo, director general de IEE, publicado el 3 de febrero en Dossier Empresarial

 

Articulo de Joaquín Trigo, director general de IEE, publicado el 3 de febrero en Dossier Empresarial

Las crisis económicas surgen de la combinación de circunstancias que, en general, remiten a una mala gestión de la moneda que permite una expansión excesiva en algún área económica y acaba en un desastre bursátil, bancario, inmobiliario… o floral. Adicionalmente, la profundidad y la persistencia de los efectos está asociada a la calidad de la gestión de las autoridades pertinentes, que minimiza o agrava los daños.

La recesión española, con sus peculiaridades, entra en la pauta general. Parte, antes del euro, de una situación caracterizada por la dificultad de acceso al crédito y su elevado coste, asociado a una inflación superior a la media de la UE. Con el advenimiento del euro se reduce el riesgo de inflación, aumenta el volumen de financiación disponible y bajan los tipos de interés. En la década previa a la adopción de la moneda única las empresas españolas estaban menos apalancadas que las alemanas y que las francesas, que gozaban de menor coste financiero. En pocos años las empresas aumentaron su deuda, mejoraron sus resultados, invirtieron y contrataron. El PIB creció, atrajo una inmigración considerable que trabajaba, compraba y necesitaba vivienda, como las nuevas familias del país. Considerando que la situación era duradera, las familias se endeudaron y la suma de ingresos, más la financiación bancaria, llevaron a una crecida demanda de compras cotidianas, equipamiento y vivienda.

Las Administraciones Públicas aumentaron sus ingresos por impuestos y tasas, incrementaron el número de sus funcionarios y empleados, desdoblaron funciones, crearon nuevas agencias, mejoraron las infraestructuras y se embarcaron en nuevas actividades, algunas convenientes y otras superfluas o, incluso, dañinas. Por ejemplo, trayectos del AVE que servían a tan pocos usuarios que eran manifiestamente inviables o subvenciones a actividades irrelevantes. Aumentó el número de las empresas públicas creadas por ayuntamientos, cabildos, autonomías… en su mayor parte innecesarias y muy caras. Algunas se explicaban por la escasez de viviendas para algunos colectivos, aunque era obvio que el proceso en curso podía cubrir los déficits en un plazo razonable, pero la demanda aumentaba con los estímulos a la emancipación de jóvenes, a la natalidad y otras iniciativas.

Desde el inicio, la mayor parte de estas actividades fueron deficitarias y requerían de nuevos préstamos. Pronto, las Administraciones subcentrales hubieron de aplazar pagos a los proveedores, como las empresas farmacéuticas -que tienen casos de demoras por encima de cinco años-, las farmacias, los suministradores de energía eléctrica y otros. Uno de los indicadores de esta eclosión lo aporta la absorción del crédito por parte del sector público (crowding-out effect), propiciada por las normas de Basilea, que exigen provisionar todos los créditos con la excepción de los otorgados al gobierno, considerado solvente. En paralelo, el fenómeno de las subprime mortgages en los EE. UU., que inicialmente parecía ajeno a España, se comenzó a ver como un leve aviso, ya que apenas había inversión en ellas y porque no eran sino un crédito con garantía real, mientras que la hipoteca española era más sólida, pues es un crédito real que añade responsabilidad personal y, a veces, con garantías adicionales. Sin embargo, cuando las empresas sin cobros ni financiación perdían empleados, y éstos dejaban de atender a los pagos de las cuotas de sus hipotecas y a reducir drásticamente sus compras, se entró en recesión, aumentó el paro y con él subieron las dificultades de las familias, aumentaron los pagos de las administraciones públicas a los parados, bajó el precio de las viviendas -sin que lo hiciera el principal de las hipotecas- y se entró en una espiral de impagos, de deterioro de la calidad del crédito, pérdida de empleos y la hipoteca dejó de ser lo que era.

Algunas entidades financieras tuvieron poco celo, las familias podrían haber sido más cautas y las administraciones públicas, ¿Por qué no se centraron en sus funciones? ¿Por qué la vorágine de normas que elevaron el número de páginas de los boletines oficiales por encima del millón? ¿Por qué endeudar a la próxima generación? ¿Por qué desatender las sugerencias de la UE? ¿Quiénes se pensaron que eran para dilapidar los recursos del país? ¿Por qué no explicaron lo que pasaba? ¿Fue incompetencia, arrogancia o simpleza? Se dice que cambiaron el refrán dejándolo en: “Piensa mal… y ¿te quedarás corto?