El abandono de la energía nuclear supondrá un coste de 55.000 millones de euros para la ecnomía Alemana

Fuente: Elaboración propia a partir de datos publicados en “UmweltService” nº 3/2011. Instituto de la Economía Alemana de Colonia.

En junio de 2011, el gobierno alemán ha tomado la decisión de abandonar, definitivamente y antes de lo previsto, la energía nuclear hasta el año 2022, lo que tiene importantes consecuencias económicas. La energía nuclear aporta en torno al 22% de la producción de electricidad en Alemania y el cierre de las nueve centrales nucleares todavía operativas hasta el año 2022 supondrá la pérdida de 22.000 megavatios de producción eléctrica.

A corto y medio plazo, las energías renovables no van a poder cubrir el vacío dejado por la energía nuclear. Por ello habrá que recurrir a una mayor utilización de las centrales de carbón y gas existentes o importar más electricidad producida en otros países. El rápido abandono de la energía nuclear genera unos costes adicionales considerables. La electricidad producida por carbón o gas es más cara, por no hablar de la electricidad generada por la energía solar y eólica.

Según los cálculos realizados por el Instituto de la Economía Alemana de Colonia, el coste del abandono de la energía nuclear podría estar en torno a unos 55.000 millones de euros adicionales para generar la electricidad que dejarán de producir las centrales nucleares. El coste incluso rozaría los 62.000 millones de euros si hubiese que construir centrales nuevas para cubrir la necesaria producción de electricidad.

El aumento de los costes podría provocar un incremento del precio de la electricidad, algo que preocupa fundamentalmente a las empresas alemanas en sectores intensivos en el uso de energía como la industria del papel, la química o el sector del metal. El incremento del precio de la electricidad en un céntimo supondría un coste adicional para la industria de unos 1.800 millones de euros. Además, el abandono de la energía nuclear podría provocar unos precios más elevados para los certificados de CO2. Todo ello supone un riesgo nada despreciable para la competitividad de la economía alemana.


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