La crisis económica que se inició a mediados de 2008 no ha finalizado con el retorno a tasas positivas de crecimiento del PIB. La crisis ha evolucionado hacia nuevas manifestaciones que afectan directamnete a la actividad financiera, en general, y de financiación al consumo en particular. Desde 2010 nos enfrentamos a una grave crisis financiera, totalmente nacional en su naturaleza, y a una crisis de riesgo-país que, unida a otros elementos de la crisis económica relacionados con los graves desequilibrios acumulados a lo largo de los años de expansión, ha supuesto una transformación redical del entorno dentro del cual se desenvuelve la actividad de financiación al consumo.
Las entidades se han visto obligadas a adaptarse a este nuevo contexto transformando sus estrategias y sus prioridades.