El aumento demográfico en España como factor explicativo del actual ciclo económico
- Las negociaciones sobre el estrecho de Ormuz concentran la atención mundial: los efectos del shock energético están siendo más intensos sobre la inflación que sobre la actividad. No obstante, la OCDE prevé una desaceleración del crecimiento global hasta el 2,8% para 2026, tras el 3,4% en 2025.
- La economía española muestra señales de desaceleración, aunque mantiene un dinamismo significativamente superior al de la eurozona. Nuestras previsiones apuntan a un crecimiento del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027.
- Entre 2018 y 2025 el aumento del factor demográfico total explica el 43% del crecimiento del PIB, mientras que la población con nacionalidad extranjera y doble nacionalidad eleva su peso económico del 11,6% al 18,5% y aporta el 73,9% del crecimiento total del PIB en ese periodo.
- La población extranjera y con doble nacionalidad sostiene el crecimiento del mercado laboral español: explica prácticamente todo el aumento de la población activa desde 2018 y cerca de dos tercios del empleo creado.
- El consumo final de los hogares de las personas nacidas en el extranjero pasa del 9,6% sobre el total en 2016 al 16% en 2024. Además, explica el 86% del crecimiento total del consumo final de los hogares en el periodo 2018-2025.
Madrid, 18 de junio de 2026. El presidente del Instituto de Estudios Económicos, Íñigo Fernández de Mesa, y el director general, Gregorio Izquierdo, han presentado el informe del IEE: “El aumento demográfico en España como factor explicativo del actual ciclo económico”, que contiene tres bloques de análisis. En primer lugar, se examina el entorno económico internacional, condicionado por las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz y sus repercusiones sobre los mercados energéticos, el comercio mundial y las perspectivas de crecimiento e inflación. En segundo lugar, se analiza la evolución de la economía española, que continúa mostrando un comportamiento relativamente dinámico en comparación con otras economías de su entorno, apoyado en la fortaleza de la demanda interna y del mercado laboral. Finalmente, el informe aborda la incidencia de la evolución demográfica sobre la actividad económica, con especial atención al papel de la población inmigrante como factor relevante del crecimiento.
Economía mundial
El crecimiento económico mundial se ve afectado por el bloqueo del estrecho de Ormuz y la consiguiente subida de los precios de la energía. El shock energético ha provocado un freno de la actividad, reflejado por el retroceso del PMI desde los 53,3 puntos en febrero de 2026 hasta los 51,8 puntos en abril y mayo. La OCDE ha revisado a la baja su previsión de crecimiento económico hasta el 2,8% en 2026, frente al 3,4% en 2025. El impacto en precios está siendo más notable y se traduce en un aumento de las previsiones de inflación de la OCDE hasta el 4,3%, cuando se esperaba una moderación tras el 4% de 2025. Esta situación ha llevado a los bancos centrales a mantener una política monetaria más restrictiva y los mercados están empezando a descontar tipos de interés más altos durante más tiempo.
En Estados Unidos, la economía comienza el año con un crecimiento del PIB de 0,5% trimestral en el primer trimestre de 2026. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha ocasionado un gran impacto en los precios, con una escalada de la inflación general hasta el 4,2% en mayo. Además, la OCDE modera sus previsiones de crecimiento para Estados Unidos hasta el 2% en 2026 tras el 2,1% de 2025, a pesar de su autosuficiencia energética y el aumento internacional de la demanda de gas natural licuado.
En la eurozona, la dependencia energética exterior supone una vulnerabilidad en un contexto de aumento de los precios del petróleo y del gas. Esto se muestra en la contracción del crecimiento económico (PIB del primer trimestre negativo, con un –0,2% trimestral) y en un repunte de la inflación general hasta el 3,2% en mayo. Esta situación ha llevado al BCE a subir los tipos en 25 puntos básicos en junio. Para 2026, las previsiones de la OCDE han rebajado el crecimiento de la eurozona hasta el 0,8%, tras el 1,4% de 2025.
En China, el dinamismo de la producción industrial y de las exportaciones de sectores de alto valor añadido permiten suavizar los efectos del conflicto de Oriente Medio, aunque se mantiene la debilidad de su demanda interna derivada de los problemas de su sector inmobiliario. La OCDE prevé una desaceleración gradual del crecimiento económico del país, hasta el 4,5% en 2026, tras el 5% de 2025. Además, se espera un aumento de la inflación hasta el 1,5%, saliendo de la deflación de 2025 (-0,1%).
Economía española
La economía española mantiene un notable dinamismo en comparación con el promedio de la eurozona, aunque afronta una desaceleración ordenada en 2026, condicionada por el shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz. El principal soporte de la actividad sigue siendo la demanda interna, en particular el consumo de los hogares, apoyado en el buen comportamiento del mercado laboral. En contraste, la incertidumbre, la inflación y la posible subida de tipos introducen riesgos crecientes sobre el gasto y la inversión.
En lo referente a los sectores, la industria y los servicios empiezan a percibir, con mayor claridad, el deterioro del entorno. La actividad industrial se modera, presionada por el aumento de los costes energéticos, las disrupciones de suministro y unas expectativas empresariales en niveles históricamente bajos. En los servicios, los indicadores más recientes apuntan a una estabilización más frágil. El turismo sigue siendo uno de los grandes pilares de la economía. La coyuntura económica se torna más exigente para las empresas: desaceleración de resultados, aumento de costes laborales y energéticos y débil productividad. El mercado laboral resiste, aunque con menor dinamismo y paro del 10,8%.
Por su parte, la inflación ha acusado el aumento de los precios energéticos y se sitúa en el 3,2% en mayo, aunque sin las medidas fiscales se habría elevado hasta el 4,4%. La reversión de las medidas y la evolución del precio del petróleo condicionarán la evolución de la inflación en los próximos meses.
El IEE prevé una moderación en el crecimiento del PIB, hasta el 2,1% en 2026 (tras el 2,8% de 2025). Esta desaceleración se prolongará a 2027, donde esperamos un crecimiento del 1,8%. En cuando a la inflación, la media anual puede situarse alrededor del 3,2% en el presente año y se moderara al 2,4% en 2027. En el informe se destaca la necesidad de mejorar la productividad, la inversión, la innovación y la competitividad en nuestra economía.
Incidencia de la inmigración en el crecimiento
En un contexto marcado por el envejecimiento, la baja natalidad y un saldo vegetativo negativo, el aumento de la población depende, cada vez más, de los flujos migratorios. Entre 2002 y 2025, la población residente pasó de 41 a 49,1 millones de personas, lo que representa un incremento de algo más de 8 millones de personas. Así la inmigración no solo amplía la población, sino que refuerza tanto la capacidad productiva como la demanda interna.
Sin embargo, este incremento poblacional no se reparte de forma homogénea entre grupos de población: la mayor parte del incremento recae sobre los residentes con país de origen extranjero. La evolución reciente de la población muestra, con claridad, este cambio de patrón. Desde 2015, las defunciones superan a los nacimientos de residentes españoles. Por lo tanto, desde entonces, el saldo migratorio explica la totalidad del aumento de la población e incluso compensa la pérdida vegetativa. Entre 2018 y 2025, la población total creció un 5,3%, pero ese avance se produjo, exclusivamente, por el aumento de la población nacida en el extranjero, que pasó de 6,2 a 9,5 millones, mientras que la nacida en España descendió un 1,9%, pasando de 40,4 millones a 39,6 millones. Esto implica que la contribución al crecimiento total de la población de los no nacidos en España superó el 131%, al compensar la caída de la población española.
El impacto económico de esta evolución demográfica es claramente visible en la evolución del PIB. Entre 2018 y 2025 el aumento del factor demográfico total explica el 43% del crecimiento del PIB español. Atendiendo a la población con nacionalidad extranjera, donde se incluye adicionalmente a aquellos con doble nacionalidad, su participación sobre el PIB ha pasado del 11,6% en 2018 al 18,5% en 2025. Durante este mismo periodo, el PIB creció un 12,3% y de ese crecimiento el 73,9%, es atribuible a la contribución de la población con nacionalidad extranjera. Dicho de otro modo, casi tres cuartas partes del crecimiento económico de España entre 2018 y 2025 se explica por la aportación de la población con nacionalidad extranjera.
Entre 2018 y 2025, España sumó alrededor de 2 millones de personas activas, hasta alcanzar los 24,8 millones. Prácticamente todo este incremento procedió de la población extranjera y con doble nacionalidad, que pasó de 3,6 a 5,5 millones de activos, mientras que la población activa española se mantuvo estable, en torno a 19,3 millones.
La misma tendencia se observa en el empleo. En 2025, España alcanzó los 22,2 millones de ocupados, 2,9 millones más que en 2018. De este aumento, cerca de 1,9 millones correspondieron a población extranjera y con doble nacionalidad, que pasó de 2,8 a 4,7 millones de ocupados. En cambio, la población ocupada española aumentó en 1 millón de personas, hasta los 17,5 millones. Así, este colectivo explica prácticamente todo el aumento de la población activa y alrededor de dos tercios del crecimiento del empleo desde 2018, representando ya el 22,2% de los activos y el 21,3% de los ocupados.
El consumo final de los hogares es otro de los grandes componentes sobre los que se sustenta la economía. Dentro de este contexto, el consumo final de los hogares de las personas nacidas en el extranjero ha pasado de representar en 2016 el 9,6% sobre el total al 16% en 2024. Entre 2018 y 2025 esta tendencia se traduce en cifras muy significativas, el 86% del crecimiento total del consumo final de los hogares se explica por el avance del gasto de los hogares de las personas nacidas en el extranjero. En términos de impacto sobre el PIB es igualmente relevante: el consumo final de los hogares explica el 36,5% del crecimiento del PIB entre 2018 y 2025. Dentro de esta magnitud, 31,3 puntos corresponden a hogares de personas nacidas en el extranjero, frente al 5,2 de los hogares de personas nacidas en España.
En cuanto a la vivienda, el crecimiento poblacional ha generado una presión creciente sobre el mercado residencial. La formación de nuevos hogares se sitúa en torno a las 230.000 unidades en 2025, frente a las aproximadamente 80.000 viviendas terminadas ese mismo año, lo que implica que por cada vivienda construida se forman casi tres hogares nuevos. Este desequilibrio persistente entre oferta y demanda se refleja en los precios, que han experimentado una subida del 88% desde el mínimo de 2013.
La participación del comprador extranjero ha crecido del 7% al 17% del total de transacciones entre 2007 y 2025, aunque la demanda nacional también ha aumentado con fuerza, un 30% solo entre 2018 y 2025, lo que apunta a que las tensiones responden a factores estructurales más amplios. Todo ello subraya la necesidad de actuar sobre el lado de la oferta para aliviar las presiones sobre los precios y la accesibilidad.
El problema estructural del envejecimiento de la población y sus consiguientes efectos sobre la economía se ve amortiguado por la población inmigrante. Debido a que el grueso de la población extranjera se concentra en edades de máxima actividad laboral, contribuyendo al aumento de las tasas de empleo y a las cotizaciones a la Seguridad Social. En este sentido, la población extranjera presenta tasas de dependencia sensiblemente más bajas que la nacional (10% frente a 35,5%). Además, esta situación contribuye a equilibrar el número de personas cotizantes por cada pensionista, sosteniendo el sistema de pensiones al menos en el corto plazo.
En contraste, el porcentaje de población en riesgo de pobreza es sensiblemente mayor entre la población extranjera que entre la española, lo que puede desplazar las necesidades de atención a la pobreza hacia este segmento de la población.
En cuanto a su impacto fiscal, diversos estudios de FEDEA, Banco de España y BBVA Research, señalan que este será positivo, principalmente en los primeros años de residencia, aunque su intensidad dependerá de los tipos de empleo, los salarios y la productividad. Por tanto, deben ser las políticas orientadas a la innovación y la mejora de la productividad las que garantizarán un crecimiento sostenido y unas cuentas públicas saneadas.
En definitiva, la inmigración es una pieza clave para sostener el crecimiento económico y laboral de España, pero no puede ser la única. El reto pasa por combinar esta aportación demográfica con una mejora de la productividad, una mayor inversión, más capital humano y una estructura productiva capaz de generar empleo de mayor valor añadido.