Estamos asistiendo a avances trascendentales que están estructurando una nueva realidad económica, caracterizada por la globalización.
Los cambios tecnológicos, gracias a la revolución de las comunicaciones y el transporte, e institucionales, fruto de la liberalización de los mercados, están impulsando las fuerzas competitivas que, a su vez, permiten un crecimiento más equilibrado y sostenido.
Existe una creciente interdependencia de los mercados mundiales de bienes, servicios y factores, lo que permite una mejor asignación de los recursos y, como consecuencia de ello y de la creciente competencia, una oferta de bienes y servicios más barata y de mayor calidad.
La Nueva Economía consiste en largos períodos de crecimiento más sostenido y estable.